El acercamiento ruso-estadounidense sigue tropezando con el tratado ABM
A pesar de un acuerdo de principio sobre una reducción sustancial de las armas nucleares estadounidenses y rusas, subsisten divergencias serias entre George W. Bush y Vladimir Putin, siempre divididos sobre la defensa antimisiles, en el segundo día de su cumbre que se desplazó a Texas.
Barbacoas, música country y… misiles balísticos fueron incluidos en el menú de discusiones que espera al presidente ruso el miércoles por la noche en el rancho particular del presidente estadounidense, cerca de la ciudad de Crawford, en el sureño estado de Texas.
Pero, en el entorno de Bush, ya se dice que no hay que esperar al final de esta cumbre un anuncio sobre un compromiso acerca de la defensa antimisiles y de la suerte del tratado antibalístico ABM.
«No anticiparía un acuerdo el miércoles o el jueves», dijo un alto responsable estadounidense a algunos periodistas a bordo del avión presidencial Air Force One, que el martes por la noche llevó a Bush y a su esposa Laura a Texas.
La fuente, que pidió el anonimato, agregó que Bush y Putin abordarían en Texas otros temas, como la proliferación de armas, las sanciones contra Irak, asuntos regionales y cuestiones económicas bilaterales.
La pareja presidencial rusa es esperada en el rancho de Bush el miércoles hacia las 15h15 locales luego de una escala en la Universidad Rice de Houston.
Luego de instalarse en una de las dos casas para visitas del rancho, los esposos Putin se reunirán con los Bush al caer la noche para un pic nic en torno a una cantina rodante típica del oeste estadounidense.
El menú incluye filete y tarta de nuez de pecan. «Será para chuparse los dedos», dijo un responsable estadounidense.
El encuentro estará animado por una orquesta de música country, que se alternará con el aullido de los coyotes. «No hay necesidad de llamarlos, los escuchamos todas las noches en el rancho», afirmó Laura Bush.
El presidente estadounidense quiere aprovechar la visita de Putin a su rancho para profundizar sus relaciones personales.
«Estoy ansioso por mostrarle mi estado y el lugar donde vivo», dijo Bush a su homólogo ruso el martes. El mandatario estadounidense prometió a su invitado mostrarle sus cañones favoritos, que atraviesan su propiedad de 650 hectáreas.
La víspera, los dos presidentes admitieron durante una conferencia de prensa conjunta en la Casa Blanca, que no lograron entenderse sobre el tratado ABM.
«La posición de Rusia no cambió. (…) Pero tendremos ocasión de continuar trabajando sobre estos temas muy difíciles en el rancho de Crawford», dijo entonces Putin.
Rusia considera conveniente conservar el tratado ABM, al que considera como la piedra angular de la estabilidad estratégica.
Estados Unidos quiere deshacerse de este acuerdo para continuar sus ensayos de defensa antimisiles, que chocarán en los próximos meses con las restricciones severas impuestas por este acuerdo al desarrollo de tales sistemas. El tratado ABM prohíbe además todo despliegue de un escudo nacional antimisiles.
Bush y Putin, no obstante, se pusieron de acuerdo para reducir sus fuerzas nucleares en una cifra aproximada a los dos tercios durante los diez próximos años. El presidente estadounidense anunció que el arsenal de su país sería llevado a un rango de 1.700 a 2.200 cabezas nucleares.
Pero, a diferencia de Bush, el presidente ruso desea que los dos países dejen sentadas jurídicamente estas decisiones en un verdadero acuerdo de desarme. *
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