Los talibanes fueron expulsados de Kandahar, su bastión religioso
La caída de Kandahar, centro del poder religioso y político de los talibanes, no pudo ser confirmada el miércoles a las 17H30 GMT de fuente independiente.
Mientras la situación en el terreno cambia precipitadamente, la comunidad internacional acelera sus esfuerzos para llenar el vacío político y evitar que Afganistán vuelva a sumirse en el caos.
El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió ayer miércoles para discutir sobre una resolución que apoye el plan de Naciones Unidas para instaurar una autoridad provisional en Afganistán, tras la caída del régimen talibán, que ocupaba el poder desde 1996.
El representante especial de la ONU para Afganistán, Lajdar Brahimi, participó en esa reunión a puertas cerradas de los 15 miembros del Consejo.
Brahimi presentó el martes un plan de transición política de cinco puntos, cuya primera etapa debe ser la convocatoria a una conferencia de todas las facciones afganas.
Esa conferencia podría tener lugar en los próximos días en Qatar, que ejerce la presidencia rotativa de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), indicó una fuente diplomática en Riad. La televisión de Abu Dhabi anunció que se celebrará en los Emiratos Arabes Unidos.
Según diplomáticos, el Consejo de Seguridad debería adoptar el jueves o viernes una resolución, impulsada por Francia y Gran Bretaña, apoyando los esfuerzos de la ONU para establecer en Afganistán «un gobierno nuevo y transitorio» de amplia base, multiétnico y representativo de todas las facciones.
La Alianza del Norte, coalición heteróclita que reúne principalmente a etnias minoritarias como los tayikos y uzbekos, acentúa con el paso de las horas su control en Kabul. Este miércoles se declaró favorable a la formación de un gobierno de transición y prometió elecciones dentro de dos años.
«Queremos que ese gobierno interino sea de amplia representatividad, que implique a todos los grupos étnicos de Afganistán. Y después de dos años, se realizarán elecciones generales», declaró a la AFP en Kabul uno de sus dirigentes, Yunis Qanooni.
Kabul está bajo la autoridad de un Consejo Militar y de Seguridad, dirigido por el general Mohammad Quassim Fahim, sucesor del comandante Ahmed Sha Massud al frente de las fuerzas de la Alianza. Massud fue asesinado en setiembre pasado.
El derrocado presidente afgano, Burhanuddin Rabbani, que sigue siendo reconocido por la ONU, que tenía previsto volver el miércoles a Kabul, aplazó unos días su regreso.
El martes, el presidente estadounidense George W. Bush reiteró su llamado a la formación en Afganistán de un poder que represente a todas las etnias. Pidió a la Alianza del Norte que no cometa exacciones en los territorios que volvió a conquistar.
Consciente de la imagen deplorable que sus rivalidades internas dejaron en la memoria de los kabulíes entre 1992 y 1996, la Alianza del Norte dijo que continúa las discusiones bajo la égida del ex rey afgano Zaher Sha, exiliado en Roma desde 1973.
El enviado especial norteamericano encargado de los contactos con la Alianza del Norte, James Dobbins, debía llegar este miércoles a Islamabad.
El martes, Dobbins se reunió en Roma con el ex soberano afgano, quien por su lado tenía previsto hacer este miércoles un discurso al pueblo afgano para anunciar su «regreso muy pronto para servir a su país, no como soberano, sino como servidor de Afganistán».
Entre tanto, el primer ministro británico, Tony Blair, estimó este miércoles que los talibanes «se derrumban totalmente».
La Alianza del Norte anunció la caída de Kandahar, información que los talibanes desmintieron.
«La población se ha levantado, ya no hay talibanes en Kandahar», declaró a la AFP en Duchambe (Tadjikistán) el embajador del gobierno afgano, Saíd Ibragim Jikmat. Precisó que la ciudad está en manos de los comandantes locales que adhirieron a la Alianza. «Nuestros aliados tienen el control» de Kandahar, sostuvo.
«No es cierto, son informaciones falsas. Seguimos aquí y la situación es estable», sostuvo Mohammad Tayeb Agha, presentado por el canal de televisión qatarí en árabe Al Jazira como el portavoz del molá Mohammad Omar, jefe supremo de los talibanes.
La oposición afgana en Pakistán afirmó el martes que partidarios del opositor Hamid Karzai, defensor del ex rey afgano, habían tomado una base aérea cercana a Kandahar.
El avance militar de los mujaidines en el terreno, facilitado por cambios de bando y deserciones en las filas de los talibanes, se precipitó este miércoes, al día siguiente de la toma de Kabul.
Después de haber abandonado las provincias de Logar (sur de Kabul) y de Uruzgan (centro-este), dos provincias que ahora controlan las «poblaciones locales», lo talibanes se replegaron hacia Kandahar.
En el este, los talibanes se retiraron este miércoles de Jalalabad, su bastión oriental, ahora bajo control de los comandantes locales. Los combatientes de la Alianza del Norte fueron apoyados por bombardeos de la aviación estadounidense, según la Afghan Islamic Press (AIP).
Según AIP, la ciudad de Jost, a ocho km de la frontera paquistaní, también fue conquistada por la Alianza del Norte ayudada por ataques de aviones estadounidenses. Lo mismo sucedió con Gardez, capital de la provincia de Paktia (sudeste) y Asadabad, capital de la provincia de Kunar (noreste).
En el norte de Afganistán, los mujaidines anunciaron un inminente ataque contra Kunduz, importante ciudad que une Kabul a Tadjikistán, y donde los talibanes que se atrincheraron siguen resistiendo.
Las autoridades británicas anunciaron que «varios miles» de soldados están en estado de alerta para un posible despliegue «en 48 horas» en Afganistán, para una misión de mantenimiento de la paz.
Blair no descartó que esos soldados intervengan en «operaciones ofensivas en la línea de frente». No obstante destacó que la mayoría servirá para asegurar convoyes humanitarios, aeropuertos, operaciones de desactivación de minas y la protección del regreso a Afganistán de personal de la ONU y de ONGs.
Ese anuncio podría ser el preámbulo del despliegue de una «sólida» fuerza internacional, tal como lo impulsa la ONU en su plan de transición.
Estados Unidos, a través de su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, reafirmó el objetivo estadounidense de capturar a Bin Laden, destacando que la campaña militar está «lejos de concluir».
«Nuestra tarea es encontrar a la dirección de la red Al Qaeda (considerada responsable de los atentados del 11 de setiembre) y a los talibanes. Ello sigue siendo difícil», dijo.
Rumsfeld anunció que fuerzas especiales norteamericanas se instalaron en los puntos de control de las principales carreteras que atraviesan Afganistán de norte a sur para «detener a la gente que debe ser detenida».
El portavoz de los talibanes, Tayeb Agha, al ser interrogado por el canal de televisión qatarí en árabe Al Jazira, afirmó que Bin Laden y el molá Omar están «en Afganistán» y gozan de «buena salud».*
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