De la Rúa dejó caer a una ministra influyente
ISIDORO GILBERT
Bullrich, ex montonera y ex ministra de Trabajo, así como connotada integrante del grupo «Shusi», que orienta el influyente hijo del presidente, Antonio, pegó el portazo por el escaso respaldo de De la Rúa a la disputa que mantenía para que los ministros de Trabajo, Gabriel Dumón, y el de Desarrollo Social, Daniel Sartori, se desprendieran de los fondos sociales que según el plan poselectoral del gobierno debían ir a las arcas de la flamante cartera de Seguridad Social.
A este plan el oficialismo lo definió como «revolucionario» y a la ex ministra como una incipiente Eva Perón, teniendo en cuenta su vieja militancia en el peronismo, a la que ahora anticipó ambiguamente que retornaría.
Bullrich había perdido varias peleas internas, principalmente con el nuevo titular de Trabajo, quien anuló una disposición obligando a los dirigentes sindicales a declarar su patrimonio.
Los líderes de las dos CGT (no los de la Central de Trabajadores Argentinos, la CTA, que cumplieron con ese requisito) pusieron el grito en el cielo. «Cuando el barco se hunde, las ratas huyen», tronó de alegría el camionero Hugo Moyano, uno de los dirigentes de la CGT.
La política de dureza de Bullrich con los dirigentes de la CGT hería una de las necesidades presidenciales de acordar la gobernabilidad poselectoral con el peronismo, donde los sindicalistas tienen un espacio importante.
Además, la ex ministra y su plan no eran del agrado de muchos gobernadores peronistas, que no quieren desprenderse del manejo de los fondos sociales, cajas políticas inestimables.
Esta renuncia coincide con un leve mejoramiento en las relaciones entre el gobierno central y las provincias. Ayer cuatro de las que gobierna el peronismo se adhirieron al nuevo pacto fiscal, que establece una rebaja del piso coparticipable de los impuestos federales para que el programa de déficit cero pueda tener visos de realidad. Además, provincias más grandes del mismo color político emitían señales favorables, detrás de palabras altisonantes. Es que algunas, como la de Córdoba, que atraviesan por un grave momento económico, necesitan de algún alivio, monetario o en bonos, provenientes del gobierno central.
¿Cavallo se puede ir?
La fractura, no formal, pero sí de hecho, que el reciente Congreso peronista dejó en las filas de ese partido, hizo que el menemismo, principal víctima del cónclave motorizado por el ex gobernador bonaerense Eduardo Duhalde, boicoteara en la Cámara alta el propósito de la mayoría justicialista de aprobar una ley haciendo copoarticipables los impuestos a las transacciones bancarias, que el gobierno pone como garantía para que los bancos, de aquí y de afuera, acepten cambiarle los actuales bonos de deuda externa con tasas elevadas, por «uno seguro» pero al 7%.
Ayer, pero en la Cámara baja, fracasó el intento de legisladores del ARI, el Frepaso y sectores del peronismo, de aprobar una ley para realizar una consulta popular en respaldo de un subsidio de 380 dólares a los desocupados y marginales que motoriza el Frente Nacional contra la Pobreza, donde tiene preponderancia la CTA del combativo dirigente Víctor De Gennaro.
Y hoy se verá si el peronismo en esta línea de arreglos con el Ejecutivo y con pendencias internas, da número suficiente en la Cámara baja para quitarle a Domingo Cavallo, o a De la Rúa, si se quiere, los poderes especiales que lograron para llevar adelante las reformas económicas en curso.
Bullrich era la mejor aliada de Cavallo en el gabinete y hasta ayer perteneciente al círculo más cercano al presidente. Su salida debilita la situación del aliado de la dimitente, el ministro de economía.
Hubo incluso rumores sobre su dimisión, que él mismo refutó. Lo cierto es que De la Rúa lo excluyó de la pequeña comitiva que el domingo lo acompañó en Nueva York en la entrevista con George W. Bush. Es que el padre de la convertibilidad estaba de más en ese encuentro, porque los norteamericanos había anticipado que las cuestiones económicas no iban a ser abordadas puntualmente.
Pese a ello, Bush sacó el tema pero genéricamente y ello permitió a De la Rúa proclamar un respaldo de la Casa Blanca que fue más de cortesía que de sustancia. *
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