Kabulíes tienen un mal recuerdo de la época de los mujaidines
Las noticias de su posible llegada ayer lunes provocaron cierta agitación entre los habitantes de la capital.
Una tercera parte de Kabul aún está en ruinas, desde la época de 1992 a 1996, cuando los miembros de la actual Alianza formaron un «gobierno de coalición» bajo la presidencia de Burhanuddin Rabbani, de la etnia tadjika.
La ciudad parecía entonces un rompecabezas, atravesada por líneas de frente que separaban a las facciones pasthunes de las uzbekas y a las hazaras de las tadjikas, mientras cada uno intentaba ganar terreno para obtener una parte mayor de poder.
Como resultado de esa anarquía generalizada, miles de personas murieron y muchas más tuvieron que partir al exilio.
La mayor parte de esas facciones se agruparon entonces bajo la tutela de Rabbani y fueron reconocidas por Naciones Unidas. Desde entonces, luchan por reconquistar, con el apoyo desde hace unas semanas de la aviación norteamericana, la capital, de la que fueron expulsados en 1996.
El viernes, entraron en la estratégica ciudad norteña de Mazar-i-Sharif, provocando una retirada masiva de los talibanes de la mayoría de las provincias del norte. El lunes, mientras algunas informaciones hablaban de saqueos y actos de violencia en esa capital del norte, comenzaban su ofensiva contra Kabul.
«No quiero que Kabul vuelva a ser escenario de enfrentamientos entre las diferentes facciones como hace seis años», declaraba Abdul Jalil, vendedor de relojes de 30 años. Ajter Mohammad, de 19, también teme que se repitan los crímenes del período de los mujaidines, que derrotaron a las tropas del ejército rojo que invadieron Afganistán entre 1979 y 1989. «Ojalá que esta sea la última batalla, la de la paz», añade Ajter.
Uno de los jefes de guerra más brutales en Kabul fue el radical islámico de origen pashtún Gulbuddin Hekmatyar, que arrasó la ciudad disparando misiles durante tres años de asedio, durante los que murieron al menos 20.000 civiles.
Rival del ministro de Defensa de Rabbani, Ahmad Shá Massud, asesinado en setiembre pasado, retuvo a la ciudad como rehén hasta que fue nombrado primer ministro en 1993. Pero el odio contra él no ha disminuido.
El jefe de origen uzbeko Abdul Rashid Dostam y el grupo hazara (minoría chiíta), Hezb e Wahdat, ambos implicados en la toma de Mazar-i-Sharif el viernes, contribuyeron a la destrucción de Kabul.
Dostam, cuyas tropas fueron unas de las primeras que entraron en Kabul en 1992, se volvió contra su aliado Rabbani y se alió con Hekmatyar y los hazaras después de que se le negara un puesto de importancia en el nuevo gobierno.
Por su parte, el Hezb e Wahdat se resintió con el pashtún Ittihad i Islami, lo que transformó el oeste de la ciudad en el escenario de una guerra mortal.
La «coalición» de Rabbani fue finalmente expulsada por el «movimiento talibán», esencialmente de etnia pashtún, que desarmó rápidamente a la población y restableció el orden y la disciplina mediante una aplicación sumamente estricta de la ley islámica, la Charia. Entonces las facciones enterraron el hacha de guerra y formaron el nuevo «frente unido» de la oposición. Rabbani y su gobierno representan oficialmente a Afganistán ante las Naciones Unidas.
Estados Unidos pidió a la Alianza del Norte que no entrara en Kabul para permitir la formación de un gobierno «multiétnico» con el fin de sustituir a los talibanes. *
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