Crisis, guerra y terrorismo vistos por Fidel Castro
Ante la TV cubana, el 2 de noviembre, Fidel Castro señaló que la humanidad debe enfrentarse a tres problemas de extrema gravedad, que se potencian entre sí: el terrorismo, la guerra y la crisis económica. Apareció como un estadista capaz de abarcar en su conjunto la dramática situación a que se ve confrontado el género humano en un período de definiciones que se proyectan al futuro y al cual no es ajeno ningún pueblo de la Tierra. Es una visión de carácter universal. A través de un examen económico riguroso, con profusión de cifras y cuadros estadísticos, el líder cubano demuestra que la crisis económica que atenacea al mundo no es consecuencia de los atentados del 11 de setiembre y de la guerra contra Afganistán. Esto sólo podría afirmarse por ignorancia o para ocultar su verdadera causa. «La crisis» –citamos textualmente– «es consecuencia del estruendoso e irreversible fracaso de una concepción económica y política impuesta al mundo: el neoliberalismo y la globalización neoliberal. El acto terrorista y la guerra no originan sino hacen mucho más grave la crisis. Lo que venía avanzando aceleradamente, se precipita». Es en ese cuadro que los tres gravísimos problemas (terrorismo, guerra y crisis económica) se potencian entre sí, formando un nudo inextricable.
La crisis económica, a la vez, agudiza los problemas que padece la inmensa mayoría de la humanidad: la pobreza, el hambre y las enfermedades, que matan cada año a decenas de millones de personas; el analfabetismo, la incultura, el desempleo, la explotación del trabajo, la prostitución de millones de niños; el tráfico y consumo de drogas, que moviliza e insume cientos de miles de millones de dólares y el consiguiente lavado de dinero; la falta de agua potable; la escasez de viviendas, hospitales, comunicaciones, escuelas. En suma, «afecta derechos vitales de todos los seres humanos» y tendrá especial impacto negativo en la lucha por preservar la naturaleza ante la despiadada destrucción a que está siendo sometida. A estas conclusiones se arriba, como decíamos, tras un análisis minucioso de la economía mundial a partir de mediados de los 90, cuando tres millones de millones de dólares en operaciones especulativas circulaban cada día, y en que crisis sucesivas y a ritmo acelerado hacían estragos en la economía mundial: en 1997 los tigres asiáticos y Japón, en agosto de 1998 la crisis rusa seguida cinco meses después, en enero de 1999, por la crisis brasileña. Y luego, a mediados de 2000, los primeros síntomas de crisis en EEUU, con una disminución del ritmo de la producción industrial, la caída del índice Nasdaq de la tecnología de punta, el aumento del desempleo a 5,4% (última cifra conocida) y, a agosto de este año, once meses consecutivos de contracción en la producción industrial, augurando un período de recesión. Todo esto –unido a datos de debilitamiento de la economía mundial y a la reducción de sus niveles de crecimiento en todas las regiones– es previo al 11 de setiembre y a la guerra desatada el 7 de octubre.
Esta guerra resultó un remedio peor que la enfermedad. Además, la situación corre el riesgo de agravarse a varias puntas. En primer lugar, por la existencia de armas nucleares en dos países, Pakistán (en la frontera con Afganistán) y la India, que mantienen un conflicto armado por Cachemira. El gobierno del general Pervez Musharraf atraviesa una situación de inestabilidad extrema, jaqueado por grandes núcleos opositores que condenan su actitud al servicio de EEUU y que han sido reprimidos a sangre y fuego. La revista The New Yorker informó el pasado 29 de octubre que existía un plan norteamericano de contingencia para tomar posesión de las cabezas nucleares de Pakistán si un grupo radical desbancara al dictador. Por otra parte, EEUU no descartó el uso de armas nucleares en la guerra contra Afganistán. El tercer frente podría reeditar la guerra de 1991 contra Irak, a pesar del rechazo de aliados como Gran Bretaña. El secretario de Estado Colin Powell declaró: «Países como Irak, que han tratado de conseguir armas de destrucción masiva, no deben pensar que no les dedicaremos nuestra atención». La amenaza fue reiterada por John Negroponte, el turbio personaje metido hasta el pescuezo en el escándalo Irán-contras que Bush introdujo de rondón como embajador en la ONU en el clima generado el 11 de setiembre. La existencia de varios frentes puede arrastrar a acciones bélicas a grandes masas musulmanas. Es posible que la guerra irregular en Afganistán se extienda por largos años. La aplicación de este plan geoestratégico por parte de EEUU, cuyo objetivo es el dominio mundial (y en ese marco controlar las rutas del petróleo), puede desembocar en una situación internacional fuera de control. Cuba reitera la consigna levantada el día mismo de los atentados: contra el terrorismo y contra la guerra. Lo hace con la autoridad que le confieren 40 años enfrentando la más sostenida campaña terrorista de la historia, llevada a cabo por EEUU. Lucha contra las consecuencias de la nueva situación mundial, expresadas en la baja de precio de sus exportaciones fundamentales (azúcar, níquel, tabaco) y en un menor crecimiento del turismo. En tan difíciles circunstancias, preserva las conquistas de su régimen socialista. Tal era el balance de Fidel Castro al día 2. Después sufrió la furia destructiva del huracán Michelle. *
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