Alianza del Norte desobedece a Bush y entra a Kabul
Según los relatos captados por fuentes occidentales, unos 50 hombres armados, presuntamente pertenecientes a la Alianza del Norte, ingresaron a los barrios septentrionales de la capital afgana a bordo de vehículos todoterreno. Los presuntos milicianos opositores estarían armados con fusiles Kalashnikovs y lanzagranadas, pero no habrían hallado oposición ya que los talibanes habrían abandonado la ciudad, según las primeras informaciones, aún imprecisas.
Kabul amaneció desierta, sin presencia de los talibanes en los principales edificios gubernamentales ni tampoco en las cárceles, de las que habrían escapado la mayoría de los prisioneros del régimen.
Fuentes del Pentágono dijeron que la Alianza del Norte está virtualmente fuera de control, con lo que tácitamente admitieron que los rebeldes desoyeron el pedido del presidente norteamericano, George W. Bush, de no avanzar sobre la capital hasta tanto se hubiera formado una coalición de gobierno postalibán con representación multiétnica.
Por su parte el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, admitió que «EEUU no tiene suficientes fuerzas en el terreno para impedir la entrada de las tropas de la Alianza del Norte en Kabul». Son ellas quienes tomarán la decisión» en definitiva.
Para William Taylor, especialista militar del Centro de Estudios Estratégicos (CSIS) de Washington, Estados Unidos tiene una influencia real sobre los dirigentes de la Alianza, que continúan necesitando apoyo aéreo para avanzar. «Nosotros los hemos reaprovisionado y no me sorprendería que le hayamos dado mucho dinero a la gente que queremos influir», dijo a la AFP.
Sin embargo un responsable del Pentágono afirmó que las tropas de la Alianza no pueden ser controladas. Se aproximaron a Kabul y se detuvieron cerca de la capital, principalmente para no romper sus líneas de aprovisionamiento, pero «pueden avanzar cuando piensen que pueden hacerlo. Nosotros no tenemos ningún control sobre lo que van a hacer», agregó el funcionario que solicitó conservar el anonimato.
La que –según las fuentes– sería la caída de Kabul, sobrevino a cruentos combates en la meseta de Shomali y las ciudades de Zaranj, Herat y Kunduz. Versiones no confirmadas indican que ya se habrían producido saqueos en edificios hasta hace horas ocupadas por los talibanes.
Apenas entrada la noche, decenas de carros armados y vehículos blindados para el transporte de tropas de los talibanes fueron vistos cuando abandonaban Kabul, mientras las fuerzas de la Alianza del Norte –apoyadas por los bombardeos aéreos de Estados Unidos y su artillería– habían llegado hasta seis kilómetros en las afueras de la capital, según dijo el canciller de los milicianos rebeldes, Abdullah Abdullah.
«Estamos a las puertas de Kabul, esperando para entrar», había dicho, a su vez, el portavoz de la Alianza, Ashraf Nadeem.
También vehículos civiles con capacidad para circular por todo tipo de terreno fueron vistos cuando abandonaban la capital por la principal arteria hacia el sudoeste, en dirección a Kandahar, bastión de los Talibán, informaron las fuentes. Mientras los vehículos cargados de milicianos Talibán salían de Kabul, aviones norteamericanos sobrevolaban la capital. Nuevas bombas cayeron en la madrugada del martes sobre Kabul tras una primera incursión nocturna que había provocado un incendio en la zona suroriental de la capital afgana, según revelaron habitantes de la ciudad citados por fuentes occidentales.
Dos explosiones fueron percibidas en las afueras del centro de Kabul tras el paso de aviones estadounidenses.
Una primera aeronave había sobrevolado la capital afgana a la 1.30 local del martes (21 GMT del lunes), y poco después también se registraron dos explosiones. Algunas fuentes dijeron que las aeronaves occidentales buscaban entre quienes huían de Kabul a un convoy en el que viajaría el líder espiritual del régimen teocrático afgano, el molá Omar.
Los principales edificios de Kabul, aún los de los servicios de seguridad e inteligencia, y la oficina de la máxima autoridad judicial, permanecían anoche a oscuras, y frente a las sedes gubernamentales de los talibanes el número de efectivos de custodia se había reducido sensiblemente, habían anticipado los informantes. En Islamabad, el embajador de los talibanes en Pakistán, el molá Abdul Salam Zaeef, desmintió –no obstante– el retiro de Kabul: «La noticia es falsa y carente de fundamento», dijo a la agencia de noticias Afghan Islamic Press (Aip, cercana al régimen). *
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