Reclamó el envío de observadores internacionales para proteger a su pueblo

Yasser Arafat pidió en la ONU la creación de un Estado palestino

NUEVA YORK, AFP

 

También instó a la comunidad internacional a hacer todo lo posible para permitir que los palestinos vivan «en un Estado independiente, con Jerusalén como capital», luego del retiro de las fuerzas israelíes. La cuestión de Medio Oriente quedó planteada el sábado, día de la inauguración de la Asamblea General, cuando el presidente George W. Bush se pronunció por primera vez en un foro internacional a favor de la creación de un Estado palestino, que conviva con Israel «en paz (y) con fronteras seguras y reconocidas, como piden las resoluciones de Naciones Unidas».

Tras pronunciar su discurso, Arafat se reunió con el secretario estadounidense de Estado, Colin Powell, quien anteriormente había recibido al canciller israelí, Shimon Peres.

Antes de acudir a su cita con Powell, Arafat manifestó su «mayor estima» por las palabras de Bush y urgió a Israel a «reanudar inmediatamente» las negociaciones sobre el estuto final de los Territorios Palestinos.

Las negociaciones se interrumpieron tras el estallido de la sublevación palestina –o segunda Intifada– en setiembre del año pasado, que dejó hasta el momento un saldo de 966 muertos, 756 de ellos palestinos.

Esa ola de violencia amenaza la cohesión de la coalición antiterrorista nucleada por Washington para desatar su ofensiva contra el régimen talibán afgano que brinda protección al dirigente fundamentalista islámico Osama bin Laden, principal sospechoso de los atentados del 11 de setiembre en Nueva York y Washington.

Los países árabes y musulmanes –elementos claves de esa coalición– acusan a Israel de practicar el «terrorismo de Estado». El propio Bin Laden, en sus entrevistas, invoca la causa palestina para justificar sus llamamientos a la «jihad», o guerra santa, contra Estados Unidos, la monarquía saudita e Israel.

En la Asamblea General de la ONU, los Estados miembros refrendaron su respaldo a Estados Unidos, aunque con divergencias sobre el desarrollo de la guerra en Afganistán.

El canciller chino, Tang Jiaxuan, afirmó que su país cooperaba activamente en el combate contra «todas las formas de terrorismo», aunque subrayó que las acciones militares «deben tener objetivos claramente definidos y evitar provocar víctimas inocentes».

Tang aprovechó la ocasión para justificar la represión de los movimientos separatistas musulmanes que actúan en la región china del Xinjiang, en Asia Central, afirmando que se trataba de «una parte importante de la lucha internacional contra el terrorismo». El ministro británico de Exteriores, Jack Straw, brindó un apoyo sin reservas, y sin sorpresas, a Estados Unidos. «La acción militar (en Afganistán) era inevitable», dijo Straw, y advirtió que «en cualquier momento» podrían producirse nuevos atentados terroristas. El propio Annan tomó en serio las más temibles amenazas, al advertir este domingo que no excluía la posibilidad de que redes extremistas se apoderasen de armas nucleares. Los atentados del 11 de setiembre «mostraron claramente que no podemos permitir una nueva proliferación de armas nucleares» y «debemos hacer todo lo posible para reducir el riesgo de que tales armas caigan en manos de terroristas», dijo Annan al inaugurar una conferencia sobre el Tratado de Prohibición de Ensayos Nucleares (CTBT).

Annan, recientemente galardonado con el Premio Nobel de la Paz, también mantuvo reuniones separadas con los presidentes de Argentina, Brasil, Colombia y Chile, para discutir el papel de la ONU en la lucha contra el terrorismo y los problemas domésticos y regionales de los países sudamericanos. *

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