De la Rúa busca apoyo de Bush con reticencia peronista
El respaldo es vital: es el que puede abrirle la mano al FMI para que el canje sea factible. En Manhattan buscó que los bancos acepten reducir al 7% el interés de los bonos que sus altas tasas ahora degluten parte del presupuesto. Es la premisa para que el crecimiento retorne luego de más de 40 meses de depresión y un malestar generalizado que las urnas gritaron el 14 de octubre. Allí, no le fue ni bien ni mal. Los banqueros hubieran preferido escuchar más cosas que algunos de ellos sugirieron sobre el Mercosur y el ALCA en un memorando que De la Rúa desechó.
En pocas ocasiones un presidente constitucional fue al encuentro de un mandatario norteamericano, con el frente interno tan desquiciado. En enero de 1959, Arturo Frondizi conferenció con John Kennedy con una huelga de 72 horas sin precedentes a sus espaldas. El respaldo del norteamericano no impidió que el peronismo pero sobre todo los militares, lo hostigaran hasta tumbarlo.
La sombra de la ingobernabilidad pasea por la política argentina, al punto que el asunto estará hoy en la agenda del encuentro De la Rúa-Bush aunque al americano le importa más el terrorismo y medidas para combatirlo y un visitante atento a escuchar pedidos. ¿Cuánto de cierto hay en que el peronismo va por el Presidente y su ministro de Economía?
Es difícil apreciar hasta dónde el peronismo, alentado por las elecciones de octubre, se orienta a ganar espacio político y en lo inmediato concesiones económicas para las provincias que gobiernan o si, como quiere hacer creer el gobierno, está preparándose para suplantar a De la Rúa por medio de la ley de acefalía y presidenciales anticipadas.
Los datos son contundentes, pero en la superficie. Primero, un endurecimiento de los gobernadores más importantes, con matices, claro, que impidieron a De la Rúa llevarse a Nueva York el acuerdo entre la Nación y las provincias sobre como deben repartirse en el futuro los impuestos federales, del modo cómo se resuelven las deudas del Interior con los bancos y las acreencias del gobierno federal con todos los estados donde taponaba el entendimiento la intención oficial de pagar poco con pesos y muchos con bonos que hoy van camino a integrar el 10 al 12% del circulante, una máquina de hacer plata al margen del respaldo monetario acotado que reclama el régimen de convertibilidad.
El apoyo norteamericano
No le fue cómodo al Presidente hablar con los banqueros de Wall Street con el solo apoyo de las provincias que gobierna la Alianza, y un mensaje de palabra que cuatro gobernadas por el peronismo se sumaban al entendimiento. Cuando hoy se encuentre con Bush en el Waldor Astoria recibirá más mensajes alentadores, no firmas, de casi todo el resto, no sea que queden como los aguafiestas. Sobre todo muy mal frente a los banqueros locales (en gran proporción, gerentes de las centrales de EEUU, Europa o Hong Kong): «Son unos irresponsables» tronaron varios de ellos.
No fueron los únicos disuasivos. El embajador James Walsh habló con varios de los mandatarios peronistas, o envió mensajes a otros a favor de acordar con De la Rúa antes que se den las manos hoy los dos presidentes. Es que si la reestructuración de la deuda tiene algunas posibilidades de ser aceptada por la gran banca acreedora externa, se basa en que el déficit cero, el eje del programa actual de Cavallo, sea cumplido también por las provincias. Esta es la médula del acuerdo Nación-Interior.
Las señales de apoyo de los EEUU no se basan en la beneficencia: son, si se quiere, los primeros pininos de un ensayo del nuevo enfoque para su relación con los países emergentes, en general endeudados. Parte de la premisa que el peso de los intereses de la deuda impiden el crecimiento que es el único que puede generar divisas para pagar precisamente la deuda. Es lo que le dijo en agosto el secretario del Tesoro, Paul O´Neill, a Cavallo, pero éste no entendió bien el mensaje y se ganó la mala voluntad del norteamericano. Ahora éste prefiere hablar con el segundo del ministro, Daniel Marx.
La recesión norteamericana primero, la guerra contra el terrorismo luego, ha reverdecido las teorías de Lord Keynes, o sea, el papel del Estado para la reproducción ampliada del capital que desnuda la crisis del consenso de Washington con que casi toda América Latina, especialmente Argentina, orientó su política de apertura económica, privatizaciones, desregulaciones, enflaquecimiento del Estado con sus lacras la desocupación y la marginalidad.
Que De la Rúa-Cavallo hayan aceptado la herejía de la reestructuración de la deuda, poniendo en crisis el concepto de intangible, es una derrota cultural del neoliberalismo dominante en los últimos 20 años y que posó de conquistador eterno, tras el derrumbe del socialismo real. Pero la deuda, o los intereses, no son el único dique para el crecimiento que son más complejos, pero que tienen un punto insoslayable en algún momento: la convertibilidad. El académico Paul Krugman recomendó a la Argentina que hiciera lo que Franklin Delano Roosevelt cuando la Gran Depresión: sacó a EEUU del patrón oro en 1933. Entonces los banqueros proclamaron que era el fin de la Civilización Occidental. Ocurrirá más temprano que tarde con el uno por uno.
¿Presión o desestabilización?
Volvamos a la política. El gobierno no sólo leyó como obstruccionista la falta de acuerdo con los gobernadores sino que cree que la aprobación por la Cámara baja de la ley que hace coparticipable la ley sobre las transacciones bancarias (ley del cheque) es un torpedo sobre la nave oficial. Es que esos recursos son los dispuestos para que actúen como garantía para que los bancos locales acepten el canje de sus bonos o títulos de la deuda, a un interés no superior al 7%. Interés bastante generoso si se tiene en cuenta que la tasa de la FE, es del 2%. Si los bancos acuerdan aquí como lo han prometido, incidirá en la negociación en el exterior.
El peronismo hizo en esa sesión de diputados una formidable demostración de fuerza. Movilizó a casi todos los propios, salvo los pocos menemistas, y logró el apoyo del ARI de Elisa Carrió y de la fracción mayoritaria del Frepaso para infligirle una derrota de fuste al gobierno. «Hubo diputados que ni conozco», confesó a LA REPUBLICA un legislador justicialista de peso. Es cierto: aunque el Senado Nacional apruebe esta semana la norma, siempre queda para el Ejecutivo la posibilidad del veto, pero no su debilitamiento. Los senadores del PJ aportaron lo suyo para esta ¿escalada? debilitante: anunciaron que votarán como presidente provisional de la Cámara alta a uno de los suyos. Es decir, al virtual vicepresidente, desde que Carlos Chacho Alvarez dimitió asqueado por los sobornos en ese cuerpo. «Es como soplarle la nuca a De la Rúa», dicen los analistas.
La línea divisoria entre presionar para lograr ventajas y desestabilizar es del filo de una navaja. Pero a pesar de la exhibición de fortaleza en las dos cámaras, el peronismo está fraccionado en liderazgos con pretensiones semejantes y situaciones diferentes en sus provincias, algunas angustiantes. Todos los candidateables son gobernadores, excepto Eduardo Duhalde, ahora senador electo. Hoy elecciones anticipadas no tiene respaldo del poder económico, ni es conveniente para el PJ sin cohesión y plan alternativo y prefiere que el gobierno haga la faena más sucia.
Los norteamericanos y posiblemente los bancos extranjeros no empujarán al vacío a la Argentina porque la cesación de pagos es peor negocio que cobrar el 7%. La negociación será larga. Pero, ¿se puede cumplir con el déficit cero, aun con el acuerdo con las provincias? Si su talón de Aquiles es el crecimiento, es dudoso que éste florezca en poco tiempo, l
a recaudación podría en el 2002 no cumplir sus metas de mejoras, incluido las moratorias generosas aprobadas. Porque además, gran parte de los bonos (patacones, Lecop, etc.) los recibirá en última instancia el fisco. Es probable que por oposición peronista, el presupuesto para el año 2002 sea el actual con las podas y reasignaciones la haga el Poder Ejecutivo. Se lo permite la ley, pero lo deja solo frente al desgaste que significarán despidos y más conflictividad social. Con la posible libertad de Carlos Menem que dispondría la Suprema Corte si dictamina que no hubo asociación ilícita en el tema de las armas, De la Rúa cree que ingresará al escenario peronista un factor de perturbación. Como el ex presidente quiere volver a la Casa Rosada, es el principal interesado que los términos legales del actual mandato se cumplan.
Son triquiñuelas para sobrevivir, esperar que el programa dé crecimiento de frutos. La inestabilidad será permanente para tiempos duros. Cavallo juega sus últimas cartas: si fracasa puede arrastrar al Presidente.*
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