Partidos religiosos convocaron a una huelga general en favor de Afganistán

Tres paquistaníes muertos en protestas contra EEUU

Pero, a pesar de la violencia desplegada en algunas ciudades y de la existencia de una opinión pública cada vez más hostil a la «cruzada cristiana», el gobierno del general Pervez Musharraf parece mantener un sólido control de la situación.

En el incidente más grave, los agentes abrieron fuego en Punjab, a unos 500 kilómetros al sudoeste de Islamabad, contra miles de manifestantes que habían bloqueado una de las principales arterias de Pakistán y una línea ferroviaria cerca de la ciudad de Dera Ghazi Khan.

En todas las ciudades, la mayor parte de los comercios permanecieron cerrados porque adhirieron a la huelga general organizada por los 35 partidos religiosos del Consejo para la defensa de Pakistán y de Afganistán y miles de manifestantes se reunieron frente a las mezquitas inmediatamente después de la plegaria de Jumman, del viernes.

En Quetta, en el Belukistán, 15.000 personas participaron en la demostración, sin que se produjeran incidentes; mientras tanto algunos miles desfilaron también en Karachi, Lahore y Rawalpindi.

Fueron actos de violencia que incluyeron el lanzamiento de piedras y la quema de cubiertas de automóviles.

La policía y los militares, en algunas ocasiones armados hasta los dientes, detuvieron a numerosas personas, quizás miles según los activistas religiosos islámicos.

En Peshawar, a unos 160 kilómetros de Islamabad, la policía intervino lanzando gases lacrimógenos, para impedir que un grupo de manifestantes obligara a los comerciantes a bajar las persianas de sus negocios pero no hubo heridos.

Al grito de «Zinda bad (larga vida) a Osama bin Laden heroico combatiente islámico» y «Muerte a Estados Unidos, grandes terroristas», los manifestantes que eran poco más de un millar desfilaron por la ciudad antigua, bajo el control de centenares de agentes armados.

Sobre un camión, los activistas del partido Sepahe Sahaba Pakistán izaron un muñeco vestido de negro, como un terrorista, con la leyenda «Tony Blair», el premier británico.

La manifestación, que duró un par de horas, se animó aún más con la llegada de estudiantes de las escuelas coránicas –unas 8.000 en Pakistán, con 160 mil inscriptos– que fueron cerradas por el gobierno a partir del 7 de octubre, cuando comenzó la guerra para impedir que alimenten la oposición al régimen militar de Musharraf.

Muchos son los afganos que han estudiado en estas escuelas.

Los manifestantes, que levantaban carteles con leyendas que incitaban a luchar contra la cruzada cristiana pero también pedían ayuda para el martirizado Afganistán, no tuvieron palabras gentiles para el presidente Musharraf.

El presidente que partió dos días atrás para su primer viaje al exterior desde los atentados del 11 de setiembre, hoy se encontró en Estados Unidos con el presidente norteamericano George W. Bush, a quien le pedirá más por formalismo que por convicción suspender los bombardeos durante el mes sagrado del Ramadán, que comienza el 17 de noviembre.

Los organizadores declararon que la huelga, ayudada por el día de fiesta proclamado hace un año en honor de un poeta, fue «un éxito total».

El gobierno está satisfecho por la eficacia demostrada, con detenciones preventivas y un gran despliegue de fuerzas de policía y paramilitares.

Los líderes de los partidos religiosos, que tienen sólo el 5 por ciento de las bancas en el Parlamento, «tienen razón de estar contentos, pero el régimen demostró que tenía el control pleno de la situación», dijo Shahid ur Rehman, un conocido periodistas y observador político paquistaní.

Por otra parte los partidos religiosos no tienen poder y los políticos, que se encuentran en el exilio, quieren tratar con Musharraf. *

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