La ruta de Bin Laden sigue siendo un misterio para EEUU
La ruta de Osama bin Laden sigue siendo un misterio para la inteligencia norteamericana.
El Pentágono no confirmó ayer la noticia publicada por un diario árabe de que hace dos noches las fuerzas especiales norteamericanas habrían atacado una gruta donde sospechaban pudiese estar el líder de Al Qaeda.
Pero si en la acción hubiera habido «fuertes pérdidas» norteamericanas, como afirmó el diario, el Pentágono se habría visto obligado a informar a la opinión pública estadounidense.
La búsqueda de la gruta de Bin Laden, un objetivo móvil debido a que el millonario saudita cambia su incómoda residencia al menos una vez al día, comenzó antes de los atentados del 11 de setiembre, ya que había sido autorizada por el entonces presidente Bill Clinton.
Pero la inteligencia norteamericana nunca pudo obtener la información justa en el momento justo, haciendo por el momento imposible lanzar un ataque aéreo o una incursión de las fuerzas especiales contra quien el presidente George W. Bush quiere «vivo o muerto».
Estados Unidos tiene poderosas armas para intentar eliminar a Osama Bin Laden una vez que se localice su «escondite del día»: desde bombas en condiciones de penetrar la profundidad de la roca antes de explotar hasta misiles de vuelo horizontal dotados de tecnología para entrar en las grutas y causar daños devastadores al enemigo.
Además el Pentágono siempre ha obtenido amplia información sobre las principales telarañas de grutas y túneles en el rocoso territorio de Afganistán, sobre todo gracias a la importante contribución de los rusos, que, habiendo operado por años en el país, tienen las coordenadas de los refugios más importantes.
Sin embargo, las coordenadas de los escondites son inútiles sin la información más importante: dónde está exactamente Osama bin Laden, que se traslada por el área de Afganistán todavía controlada por los Talibán con convoyes de autos o, según algunas fuentes, a lomo de caballo para las distancias cortas.
El líder de los terroristas siempre está protegido por al menos 40 custodios personales, que forman parte de las tropas de elite de Al Qaeda, y no dejan que se acerque alguien en quien no confíen.
Un comando de las fuerzas especiales norteamericanas está «stand by» para entrar en acción apenas se localizara a Bin Laden.
Empero, la inteligencia norteamericana en el área controlada por los talibán todavía es muy escasa a pesar de los intentos de la CIA –que tiene muchos operadores en Pakistán en la frontera con el sur de Afganistán– de crear una red de colaboradores entre los opositores del régimen talibán.*
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