Diferencias entre Bush y Blair
En público, la tensión entre Washington y Londres no aparece pero el diario británico The Guardian dedicó ayer un gran espacio a las primeras «serias diferencias» entre las dos administraciones, subrayando que en el gobierno británico «crece el malestar» por la gestión Bush.
La preocupación se registra «en los frentes diplomático y militar –dice el periódico citando fuentes ministeriales anónimas– en relación con el conflicto entre israelíes y palestinos, la estrategia militar en Afganistán, la falta de consulta de parte de Estados Unidos con sus aliados y una atención insuficiente de los norteamericanos hacia la crisis humanitaria».
Los cuestionamientos no terminan aquí y El Guardián subraya, además, que el gobierno británico está tratando de oponerse a una posible ampliación del conflicto fuera de las fronteras de Afganistán.
La administración estaría horrorizada, según parece, por algunos «elementos del Pentágono que impulsan un ataque total contra Irak».
La fuente principal de las divergencias entre los dos líderes sería, sin embargo, el manejo del conflicto israelí-palestino, precisa el Guardian.
Downing Street y el ministerio de Relaciones Exteriores temen que la ambigüedad de Washington en la administración del proceso de paz en Medio Oriente pueda alejar a la opinión pública árabe, una de las bases de la coalición contra el terrorismo.
«Blair, que la semana última durante el viaje a Medio Oriente pudo percibir de primera mano la rabia de los árabes, el miércoles en Washington presionó a Bush para que obligue a Israel a retomar las negociaciones», dice el diario.
Sin embargo, el premier tuvo que admitir una seca negativa el jueves cuando se supo que el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, no hará, este fin de semana, el esperado discurso en la Asamblea de Naciones Unidas en apoyo a la creación de un Estado palestino.
Este es el telón de fondo que concluyó, con la visita de ayer de José María Aznar, una nueva semana frenética de Tony Blair, cada vez más comprometido en mantener unida la coalición internacional contra el terrorismo.
El premier español había participado ya en la cena de Downing Street el domingo, pero regresó ayer a Londres con su familia y mantuvo un nuevo encuentro con el líder laborista.
Durante la conversación se habló de Afganistán, de la reforma económica en Europa y de Gibraltar. El encuentro sirvió también para preparar las negociaciones entre Gran Bretaña y España para una solución definitiva sobre el futuro de la colonia británica que comenzará dentro de dos semanas en el marco de la cumbre de Barcelona. Aznar no dijo todo lo que piensa seguramente, y prefirió responder exclusivamente a las preguntas sobre Europa subrayando que España «aprovechará las oportunidades posibles para trabajar por una Unión europea mejor, más flexible, más atractiva, más competitiva y más ambiciosa».*
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