Juan Pablo II toma partido
Belén, Cisjordania, AFP
Al día siguiente de su llegada a Israel, el peregrinaje del Papa Juan Pablo II a Tierra Santa, en teoría un viaje puramente espiritual, adoptó este miércoles en Belén una orientación abiertamente política.
Pese a que evitó mencionar la existencia de un Estado, su posicionamiento a favor de una «patria» para los palestinos fue interpretado, al menos por éstos, como un apoyo implícito a la creación de un Estado que prevén proclamar ya este año.
El Sumo Pontífice, que había declarado el domingo que su peregrinaje con motivo del año de jubileo estaba «inspirado únicamente por razones religiosas» quedó atrapado, desde su llegada, en el torbellino político de Oriente Medio.
Tras apenas descender del helicóptero militar israelí que lo trasladó a Belén, los palestinos le presentaron un recipiente que contenía tierra palestina, la cual besó en un gesto políticamente muy simbólico para sus anfitriones. Durante los últimos días, la Autoridad Palestina había negociado entre bastidores con el Vaticano para que el Papa reiterara esta práctica, tradicional cada vez que llega a un país, pese a que todavía no existe un Estado palestino.
El portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, se esforzó por atenuar el significado político de este gesto afirmando que Su Santidad había besado la tierra donde nació el Cristo.
Habría sido «muy extraño si el Papa no hubiera besado la tierra donde nació Jesús», indicó a la prensa.
Durante la ceremonia oficial de acogida, el presidente de la Autoridad Palestina Yasser Arafat agradeció al Papa su «apoyo» a la «causa» palestina y a «la presencia legítima» del pueblo palestino «en su patria como pueblo soberano e independiente».
El líder palestino, que se expresó en árabe, calificó a Jerusalén de «capital eterna de Palestina», como réplica a las declaraciones efectuadas la víspera por responsables israelíes ante el Papa.
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