El Papa rezó donde nació Jesús
Belén, Cisjordania, Reuters
En su visita a Belén, uno de los santuarios más emotivos de la cristiandad, el Papa recurrió a un lenguaje inusitadamente directo para abogar por un Estado palestino, a pesar de haber prometido que se apegaría a temas religiosos durante su peregrinaje de una semana por Tierra Santa, siguiendo los pasos de Jesús.
«Nadie puede desconocer cuánto ha tenido que sufrir el pueblo palestino en las décadas recientes. Su tormento está ante los ojos del mundo. Y ha transcurrido durante demasiado tiempo», dijo el Papa, en la ceremonia de bienvenida que le ofreció el presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat.
En una jornada de gestos de respaldo que dejaron a Arafat resplandeciente de gozo, el Pontífice dijo que el Vaticano siempre había reconocido que el pueblo palestino, «posee el derecho natural a una patria y el derecho a vivir en paz y en tranquilidad con los otros pueblos de esta área».
Israel desestimó las observaciones y dijo que sólo reiteraban una postura ya conocida del Vaticano. Funcionarios israelíes dijeron que estaban negociando qué forma podría tener un Estado palestino.
Tras la ceremonia de llegada, el Pontífice ofició una misa en la Plaza del Pesebre y luego pasó varios minutos orando en silencio ante el pesebre, en una gruta bajo la adyacente Iglesia de la Natividad, donde se cree que nació Jesús.
El Pontífice se dirigió luego al cercano campamento para refugiados Dheisheh, que es considerado tanto símbolo de los sufrimientos palestinos como de las esperanzas de un estado.
El campamento, establecido en 1949, sigue albergando a 9.600 residentes, casi todos musulmanes.
El endeble Pontífice ingresó al campamento apoyado en la mano de Arafat, quien claramente fue estimulado por la visita.
El futuro de unos cuatro millones de refugiados palestinos figura entre los tópicos clave que los negociadores israelíes y palestinos buscan resolver a más tardar para setiembre, en un acuerdo definitivo de paz cuyas negociaciones se reanudaron esta semana en Washington.
En un mensaje que dirigió ante una escuela para niños en el campamento, que estaba decorado con banderas palestinas y vaticanas, el Papa dijo que existe la urgente necesidad de una solución justa a las causas subyacentes de las deterioradas condiciones de los refugiados a lo largo de los años.
«Insto a todos los lderes políticos a implementar los acuerdos que ya se han logrado y a avanzar hacia la paz que anhelan todos los hombres y mujeres razonables», dijo.
Assad Abdul-Rahman, un dirigente palestino, dijo en un emotivo discurso al Pontífice: «La Tierra Prometida jamás será la tierra prometida hasta que los derechos de nuestros refugiados, su derecho a regresar, se implementen en su totalidad».
A su llegada a Belén, ciudad cisjordana bajo gobierno palestino, el Pontífice besó un cuenco con tierra que le ofrecieron una niña y un niño palestinos, en un gesto que los palestinos consideraron un sello papal sobre sus demandas de establecer un Estado independiente en la Cisjordania y Gaza.
Al ser consultado sobre el gesto, el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, dijo que no implicaba reconocimiento a un Estado palestino porque aún no se ha declarado la independencia.
«Habría sido muy extraño que el Papa no besara la tierra en el sitio donde nació Jesús», afirmó.
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