ANALISIS INTERNACIONAL

Juan Bosch y la invasión de los marines en 1965

NIKO SCHVARZ

 

A los 92 años acaba de fallecer Juan Bosch, destacada figura de la izquierda dominicana y latinoamericana, novelista e historiador, presidente durante siete meses en 1963 y derrocado por un cuartelazo. La invasión de los marines norteamericanos a la República Dominicana de abril de 1965 fue la prolongación de ese golpe de estado y una de las más mortíferas intervenciones de los Estados Unidos en nuestra América.

Trujillo, elección y cuartelazo

Al inicio de la fase imperialista, en su «rush» hacia el sur, EEUU se abalanzó sobre las Antillas. A la antigua isla Quisqueya (que Colón denominó la Española y hoy comparten la Dominicana y Haití) le impuso en 1907 un tratado leonino y en 1916 la invadió derecho viejo. En Haití el desembarco de los marines había tenido lugar un año antes, o sea que estaba ocupada la totalidad de la isla. Las tropas invasoras crearon y entrenaron una Guardia Nacional, cuyo jefe de Estado mayor, general Rafael Leónidas Trujillo, tomó el poder en 1930 y lo mantuvo hasta el 30 de mayo de 1961, en que fue asesinado (presumiblemente por la CIA, porque ya no le servía más, habiéndose apoderado del 71% de la tierra cultivable y del 90% de la industria). Fue ésta una de las más sanguinarias y depravadas de las dictaduras militares de América Latina. Véase «La fiesta del chivo» de Mario Vargas Llosa. Trujillo fue el clásico «hijo de puta bien nuestro» de que hablara Franklin Delano Roosevelt.

Adversario del trujillismo, Juan Bosch fundó en 1939 el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y vivió en el exilio las dos décadas siguientes. En las primeras elecciones después de la dictadura, a fines de 1962, fue electo presidente. Su gobierno duró apenas siete meses, hasta el golpe de estado del 25 de setiembre de 1963 encabezado por Elías Wessin y Wessin y Toni Imbert, ex generales trujillistas y típicos productos de la Escuela de las Américas montadas por EEUU en el Canal de Panamá para formar a la oficialidad de los ejércitos del continente en la doctrina de la «seguridad nacional». En una carta al pueblo, Bosch explicó que el golpe se debía a la negativa de su gobierno a comprar aviones de guerra (a EEUU), el anuncio de la reforma agraria y de la ley de divorcio y al aumento salarial a los trabajadores. De inmediato EEUU reconoció al gobierno digitado por los golpistas (un pelele llamado Reid Cabral). Al año siguiente habrían de batir su propio récord porque reconocieron al régimen impuesto por el golpe que derribó a Goulart en Brasil antes de que éste se produjera, el 31 de marzo de 1964.

Bosch se exilió en Puerto Rico y regresó el 24 de abril de 1965 cuando se produce el levantamiento de militares democráticos y de civiles encabezados por el coronel Francisco Caamaño Deñó, con el objetivo de expulsar a los golpistas y restablecer la legalidad constitucional con Bosch como presidente. Cuatro días después, el 28 de abril, 42 mil marines estadounidenses desembarcan en Santo Domingo. Una violentísima guerra civil se instala en las calles de la capital. La resistencia fue heroica, pero sucumbió ante el poderío de las fuerzas invasoras, que hicieron fuego a discreción. Hubo no menos de 5 mil víctimas, también entre los atacantes. Recuerdo un discurso de Fidel Castro en vísperas del 1º de mayo, destacando la magnitud de la resistencia civil y militar, y diciendo que las balas también penetraban en el cuerpo de los marines. Los invasores designaron el gobierno de turno, que significó el retorno de los trujillistas en la persona de Joaquín Balaguer. En el colmo del entreguismo, éste abrió el país de par en par a las transnacionales, en particular la Gulf and Western (industria azucarera, bancos, hoteles, agroindustrias). La resistencia continuó. Caamaño murió en 1973, mientras dirigía un grupo guerrillero. Curiosamente, Bosch y Balaguer volverían a enfrentase en las elecciones del 16 de mayo de 1990, en que éste resultó reelecto tras lo que Bosch calificó como un fraude colosal.

Dos de sus obras, además de sus cuentos y novelas, se mantienen en lugar relevante en la literatura antiimperialista del continente: «El pentagonismo, sustituto del imperialismo» y «De Cristóbal Colón a Fidel Castro: el Caribe, frontera imperial».

Entre Guatemala y Panamá

En 1954 los yankis montaron (tras la X Conferencia de la OEA en Caracas) la invasión de Castillo Armas para derribar el régimen democrático del coronel Jacobo Arbenz en Guatemala. Siguió la invasión de Playa Girón contra la naciente revolución cubana en 1961, el golpe de Lincoln Gordon en Brasil en 1964, y luego la invasión de los marines en la Dominicana. A quien visita Santa Domingo le muestran por doquier, incluso junto a monumentos históricos (como la tumba de Colón o la Catedral, primada de América) las huellas de los encarnizados enfrentamientos.

Con posterioridad, las tropas invasoras desembarcaron en la isla de Granada en 1983 y perpetraron en Panamá la masacre del 20 de diciembre de 1989, que se mantuvo oculta y tardó mucho en conocerse en su real magnitud. Esto para hablar sólo del último medio siglo. La lista completa es considerablemente más larga.*

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