ANALISIS INTERNACIONAL

El llamado por la paz mundial

NIKO SCHVARZ

 

Ayer en torno al obelisco a los constituyentes –donde el 27 de noviembre de 1983 medio millón de uruguayos enterraron la dictadura y reafirmaron su voluntad de recuperar la democracia–una multitud proclamó su anhelo de paz en el mundo, respondiendo a una amplísima convocatoria. Uruguay se pone a tono con la consigna unificadora de la hora, que reúne a los seres de buena voluntad por encima de fronteras.

La sangre a raudales

Una realidad estremecedora sacude día a día nuestra conciencia. Mientras las ondas y los canales se saturan de disquisiciones y comentarios, la sangre sigue corriendo a raudales. Mientras ustedes leen estas líneas, se sigue masacrando impunemente en Afganistán, en un machacar continuo. Se estima en 1.500 el número de muertos desde los primeros bombardeos, el 7 de octubre. El gobierno estadounidense ha dejado de presentar excusas por sus presuntos «errores» en las matanzas de civiles, porque nadie le cree, ya que las víctimas son niños y mujeres, trabajadores de organismos como la Cruz Roja, y los blancos predilectos son escuelas, mezquitas, hospitales e incluso ciudades como Kandahar donde no existe ningún objetivo militar y han quedado hechas polvo. A pesar de la censura vergonzante, hemos accedido a relatos que nos rompen el alma. ¿Cuándo se detendrá el derramamiento de sangre? No habrá tregua en el Ramadán, se repite que la guerra será larga, al tiempo que en Estados Unidos y desde sus embajadas se exacerba la histeria para justificar la continuidad de los ataques. Ya hay más de mil detenidos en EEUU, cuyo paradero se mantiene secreto.

No hay tarea más urgente a nivel mundial que detener esta dinámica perversa. La protesta que ya se expresa a nivel internacional, deberá alcanzar una magnitud muchísimo mayor para detener el brazo agresor.

El segundo frente

Intimamente conectado al anterior, Israel es el segundo frente. Una semana de escalada sangrienta tras el asesinato del ministro Rehavam Zeevi a manos del FPLP produjo más de 50 víctimas palestinas. Israel aplicó la ley del Talión multiplicada, como los nazis en Italia ocupada frente a la acción de resistencia de los Partiggiani que derivó en la represalia de las Fosas Ardeatinas. Simultáneamente, coparon con tanques y blindados la mayoría de las ciudades cisjordanas, destruyeron viviendas y locales públicos, reduciendo a la nada la soberanía de la ANP. Hecho esto, prometieron desocupar los territorios.

Pero no fue así. La promesa encerraba una burda mentira. Comenzaron a retirar los tanques de Belén, reducida a un montón de escombros. Al inicio de esta tregua aparente, Sharon anunció que encabezaría personalmente las conversaciones de paz.

Pero al día siguiente perpetraron una serie de seis asesinatos de dirigentes y policías palestinos, irrumpiendo con helicópteros y misiles en los territorios de Hebrón, Tulkarem, Naplusa y otros, ejecutando justicia con mano propia. Mientras tanto Shimon Peres –que hace el papel del bueno en la tortura– nos ilustra con artículos sobre el terrorismo en que habla de todo menos del terrorismo de Estado que practica el gobierno que él integra, cuyo primer ministro acaba de prohibirle por segunda vez reunirse con Arafat (ahora en la reunión euromediterránea de España) al tiempo de sostener que los acuerdos de Oslo (1993) sobre autonomía palestina «están muertos». En contraste, hablando (en francés) ante la Asamblea Nacional en París, el presidente FH Cardoso reclamó medidas concretas para «la creación de un Estado palestino democrático, armonioso y económicamente viable», en reflejo de un sentir creciente e la comunidad mundial.

En nuestra América

El tercer frente se ubica en nuestra América y se llama Colombia.

La belicosa embajadora yanki en Bogotá, Anne Patterson, y el delegado del State Department, Francis Taylor, no dejaron dudas de que EEUU procura abarcar en su proclamada «lucha antiterrorista» a las FARC, de modo de aprovechar la coyuntura para acelerar la aplicación del Plan Colombia y multiplicar su presencia militar directa en el país y en la región.

En este marco, los últimos hechos señalan un agravamiento de la situación. Las bandas paramilitares continúan sembrando el terror en una connivencia –demostrada hasta la saciedad– con destacamentos del ejército, cuyos principales jefes (los generales Tapias y Mora) actúan desembozadamente contra el diálogo entre el gobierno y la guerrilla con vistas a una tregua, cese de fuego y hostilidades y discusión de la agenda acordada. La zona de distensión, después de un intenso forcejeo, se extendió por un lapso estrecho, hasta el 20 de enero. Pero después de esta decisión, la Fuerza Aérea colombiana incursiona sobre dicha zona, en violación de los acuerdos alcanzados, y no se adopta ninguna medida para desmantelar a los «paracos» como denuncia Marulanda en carta a Pastrana. Según alerta un comentarista, «se baraja la posibilidad de cancelar los diálogos de paz, lo que llevaría a Colombia a una desesperante situación de guerra.

Han aprendido de Bush y Sharon, y quieren resolverlo todo a punta de pistola y bombardeos a gente inocente». *

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