La ejecución de Abdul Haq demuestra el poder de los talibán

La captura y posterior ejecución del conocido jefe de la oposición y comandante mujaidin, Abdul Haq, por soldados del Talibán son una demostración de la fuerza que tiene todavía este régimen, luego de más de 20 días de bombardeos por aviones y cohetes estadounidenses. Abdul Haq había ingresado en territorio afgano como emisario de grupos opositores, simpatizantes del ex rey Mohammad Zahir, exiliado en Roma, para auscultar las condiciones para la formación de un gobierno de alternativa al Talibán.

La formación de un gobierno sucesor del Talibán ha sido también tema en recientes reuniones de una delegación del ex rey en Islamabad con grupos de la oposición afgana. El ministro de Relaciones Exteriores de los EEUU, Colin Powell, viajó hace pocos días a Pakistán y a la India para tratar la composición de un gobierno interno en Kabul. Observadores y expertos consideran que las partes, incluso la Alianza del Norte y los talibán moderados, aceptaron, si bien sin mucha gana, la vuelta del viejo ex rey Mohammad Zahir, como premisa para un futuro gobierno. Teóricamente predomina el criterio de que el nuevo gobierno debe ser de base amplia, en el cual participen todos los grupos étnicos de este país, donde abundan las más variadas tribus.

Hasta la fecha, nunca hubo en Afganistán un gobierno de estas características, y expertos dudan que se logre un régimen donde estén representadas tantas fuerzas diferentes. También Lakhdar Brahimi, encargado especial de las Naciones Unidas para Afganistán, recomendó no resolver apresuradamente sobre un futuro gobierno en Kabul. No se excluye la formación de un gobierno con estructuras federales y con cierta autonomía o una administración temporaria de las Naciones Unidas. Así lo afirman incluso vastos sectores de la oposición. A primera vista puede sorprender esta posición, pero obedece al hecho de que los bombardeos empujan a la población afgana indefensa a los brazos de los talibán, que disponen de armas y estructura militar. El temor de la venganza contra la población anunciada por la Alianza del Norte, que cuenta con el apoyo de los norteamericanos y lógicamente refuerza la resistencia a los agresores.

Por otro lado, aún están muy presentes los horrores y el terror vividos bajo el dominio de los mujaidines, que duraron hasta 1996 y que hoy forman en filas de la Alianza.

Detrás de la Alianza del Norte y de los talibán hay un gran comercio con los recursos afganos, caso de diamantes, petróleo y amapola, materia prima para las drogas, afirmó William S. Reno, profesor y politólogo de la Universidad de Oxford. Señaló que el comercio con materias primas y recursos del subsuelo se convierte rápidamente en elemento de una economía bélica. Especialmente el comercio legal o de contrabando, de diamantes, oro y el negocio de drogas fomenta luchas por el poder. Todo eso sucede a gran escala en Afganistán, afirmó le Billion y son la fuente financiera de las compras de armamento. Por otro lado, los enormes ingresos de Saud-Arabia procedentes del petróleo, son gastados en parte para apoyar a grupos islámicos extremistas en el exterior. La Alianza del Norte, enemigos islámicos de los talibán, recoge sus finanzas no sólo del comercio de drogas, sino mediante el comercio de esmeraldas y otras piedras preciosas.

Mientras tanto, se informó que el Pentágono adjudicó a Lockheed Martin Corp la construcción de 3.000 aviones de combate de nueva generación, conocidos como Joint Strike Fighter por valor de 200 mil millones de dólares.*

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