Talibán denuncian muerte de 1.500 civiles y muestran pruebas
«Hasta ahora, 1.500 inocentes, hombres, mujeres y niños, fueron víctimas de la táctica del gobierno (del presidente estadounidense George W.) Bush», declaró en rueda de prensa el embajador adjunto de los talibán en Islamabad, Suhail Shahin, quien volvió a acusar a Estados Unidos de llevar a cabo «un genocidio contra el pueblo afgano».
Hasta ahora, los talibán hablaban de un millar de víctimas civiles. Estados Unidos siempre rechazó las cifras avanzadas por Kabul y dijo que se trataba únicamente de «propaganda».
Para dar más peso a las cifras que comunicaron, los talibán llevaron ayer miércoles a un grupo de periodistas extranjeros a una zona residencial de Kandahar (sur), el feudo de la milicia islamita, para mostrarles los daños de los bombardeos.
Una clínica de la Media Luna Roja y una casa vecina fueron alcanzadas por una bomba de madrugada, causando la muerte de 13 personas, según comunicó el médico Syed Abbas.
«Los hemos traído hasta aquí para que vean con sus propios ojos que aquí no hay campamentos militares o una base militar. Aquí sólo hay población civil», explicó Mohammad Naim, un talibán que acompañaba a los periodistas.
Según Abbas, 13 personas murieron en la casa y cinco médicos resultaron heridos en la clínica.
«Es una atrocidad estadounidense. No están atacando a los talibán o a Osama bin Laden, sino que alcanzan zonas residenciales, declaró un residente, Mohammad Alí, a los periodistas.
Un reportero de la AFP en el lugar dijo que el consultorio estaba destruido y que la casa se había derrumbado.
Más tarde, un responsable talibán aseguró que los pueblos de Baloch y Barina, ubicados a unos 40 km de Jalalabad (este), habían sido atacados.
En el norte de Afganistán, aviones estadounidenses bombardearon la línea de frente de los talibán cerca de Keshendé, unos 50 km al sur de la estratégica ciudad de Mazar-i-Sharif (norte).
También atacaron con intensidad el frente norte de Kabul, lanzando unas 50 bombas contra posiciones de los talibán.
Pese a más de tres semanas de bombardeos, el régimen islamita no da la sensación de tambalearse. El ministro de Relaciones Exteriores, Wakil Ahmed Mutawakel, negó la existencia de divisiones internas y aseguró que los talibán estaban unidos contra el enemigo.
En Islamabad, la tensión aumentó entre la ONU y el régimen de Kabul, tras no concretarse una reunión entre el representante especial de Naciones Unidas para Afganistán, Lajdar Brahimi, y el embajador Abdul Salam Zaif.
El portavoz de la ONU en Islamabad, Eric Falt, dijo que el representante de la ONU «no tenía tiempo» para hablar con Zaif de los ataques estadounidenses contra Afganistán.
Pero la agencia afgana AIP, basada en Pakistán y cercana a los talibán, dijo que el líder de la milicia islamita, el molá Mohammad Omar, ordenó a su embajador que no mantuviera contactos con Brahimi. «Ahora quedó demostrado al 100% que las Naciones Unidas no son imparciales. Se convirtieron en un instrumento en manos de Estados Unidos», declaró Omar, citado por AIP.
Mientras tanto, Pakistán decidió suspender la admisión de refugiados afganos, después que se llenara el campamento de refugiados de Killi Faizo.
Del otro lado de la frontera, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) denunció que talibán armados tomaron una de sus oficinas en Spin Boldak (sur), complicando su tarea de repatriar a refugiados afganos desde Pakistán.*
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