El Papa pide fin de la espiral de violencia
El coloquio privado del Pontífice con Arafat, en la biblioteca papal del Palacio Apostólico, duró quince minutos.
El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) llegó a la audiencia acompañado por ocho personas y al finalizar el encuentro obsequió un pesebre de nácar al Papa y éste, a su vez, un ícono. En una declaración, el vocero vaticano, Joaquín Navarro Valls, dijo que Arafat llegó a Roma «para informar sobre la preocupante situación en los Territorios palestinos».
Arafat condenó «toda forma de terrorismo» y relató al Papa los «últimos trágicos acontecimientos que han afectado también los Lugares Santos de la cristiandad», que Juan Pablo II visitó el año pasado.
«Su Santidad al expresar su pesar por las numerosas víctimas de la interminable espiral de violencia, ha renovado el llamado para que todos abandonen las armas y reanuden las negociaciones», afirma la declaración de Navarro Valls.
Por su parte, el Pontífice reiteró la conocida posición de la Santa Sede –continúa la declaración– «que privilegia el diálogo, el cumplimiento del derecho internacional, sin olvidar el necesario empeño de la comunidad internacional para asegurar a los pueblos de la región respeto recíproco y seguridad para todos». El Vaticano reiteró su pedido de un «estatuto internacionalmente garantizado» para Jerusalén y el auspicio de que «toda solución encontrada al complejo problema de la región comprenda la cuestión de la Ciudad Santa de Jerusalén».
La posición fue sostenida ayer por monseñor Renato Martino, Observador permanente de la Santa Sede en la ONU, en su discurso ante la Cuarta Comisión de la Asamblea general sobre el trabajo del Unrwa (Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los refugiados de Palestina), cuya intervención difundió hoy el Vaticano. *
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