No son errores, sino masacres deliberadas

Una y otra vez las autoridades norteamericanas han alegado que «por error» sus bombardeos provocaron víctimas civiles en Afganistán. Pero la cantidad de hechos acumulados en estas tres semanas de ataques ininterrumpidos tornan inverosímiles estas excusas. Ya no es sólo la agencia qatarí Al-Jazira (la vedette de la trasmisión de esta guerra en vivo) sino los corresponsales occidentales destacados en Kabul e incluso en la disputada zona norte, quienes verifican que la inmensa mayoría de las víctimas son civiles, niños y mujeres, y ya nadie en el mundo se cree el cuento de los «errores».

Por dos veces consecutivas fueron arrasados por las bombas locales de la Cruz Roja, lo que originó la airada protesta de este organismo humanitario y el reclamo ante el gobierno de EEUU de «garantías para que no se repitan por tercera vez». Mataron asimismo a personal de la ONU destinado a desactivar las minas sembradas en el terreno. Bombardearon escuelas y hospitales, mataron niños y enfermos. Provocaron una masacre de Kandahar, en el sureste, donde no hay ningún objetivo militar. A proximidad de Mazar-i-Sharif lanzaron bombas «racimo» o de fragmentación y provocaron numerosas víctimas entre la población, lo que motivó la protesta de la Alianza del Norte, que controla parcialmente dicha zona. El último fin de semana fue particularmente mortífero en Kabul, donde los bombardeos en zonas residenciales dejaron un tendal de víctimas, sobre todo niños. Leímos relatos patéticos sobre las víctimas de los bombardeos en la capital y el poblado de Ghance Jil. «Mataron a todos mis niños y a mi marido», decía una mujer afgana. Bajo el título: «Víctimas civiles copan los partes de guerra» el relato señala: «Los partes del frente de guerra se están llenando de víctimas civiles y quienes dan cuenta de ellas ya no son sólo fuentes musulmanas. También los medios occidentales están divulgando versiones de los hechos que son pinceladas de un cuadro de terror». Diversas fuentes sitúan a esta altura el número de víctimas en las cercanías del millar.

En una cadena televisiva un anuncio de la Cruz Roja, precisamente, advierte que incluso en las guerras existen normas que deben ser respetadas. Pero EEUU las viola en forma contumaz, y encubre esta posición deliberada con expresiones que constituyen una mezcla insuperable de cinismo e hipocresía.

Así, al tiempo que pone cara compungida Bush reitera que un porcentaje de errores es inevitable. Rumsfeld agrega que carecen de medios para verificar el número de muertos civiles y que «no está dicho que la culpa de las víctimas civiles sea siempre nuestra». Pero ayer dio muestras de su capacidad de superarse a sí mismo al lanzar la especie de que las mezquitas, las escuelas, los hospitales y otras estructuras civiles forman parte de los centros de comando de los talibán, en un claro indicio de que proseguirán los bombardeos y las matanzas de civiles. Otro hecho que descarta la teoría del «error» es la elevada preparación de los pilotos de los aviones de combate F14 y F16, y de los superbombarderos B1, B2, y B52. Estos protagonistas de la primera guerra del siglo XXI constituyen un selecto grupo con una formación militar y tecnológica de más de 10 años y un entrenamiento que incluye maniobras nocturnas, selección de blancos y preparación psicológica. Son elegidos entre más de 45 mil hombres que maniobran aviones de combate en las fuerzas armadas de EEUU (y también de Inglaterra). Expertos en operaciones nocturnas, por lo menos dos semanas antes de la misión no ven la luz del sol. Se convierten en «seres de la oscuridad» para adaptarse completamente al tipo de operación encubierta (aunque ahora también se bombardea a plena luz del día). Uno de sus colegas los describió como «verdaderas máquinas del aire que forman parte de otra máquina que es el avión. Están hechos únicamente para la guerra, esa es la razón de su vida».

Junto a las declaraciones antes citadas, el secretario de la Defensa formuló este inquietante anuncio: «Históricamente los Estados Unidos no han estado excluidos de apelar a las armas nucleares». No hay que dejarlo caer en saco roto.

Primero, porque EEUU es el primero y único país que ha utilizado el arma atómica. Lo hizo en Hiroshima, en un acto de inútil crueldad cuando la guerra ya estaba definida, y lo volvió a hacer una semana después, cuando era todavía más inútil, contra Nagasaki (a menos que se entienda la decisión de Truman no como el último acto de la II Guerra Mundial sino como el primero de la guerra fría).

Segundo, lo que torna el anuncio aún más peligroso, porque los bombardeos de EEUU están revolviendo el avispero en una región sumamente sensible, exacerbando las agudas contradicciones por la cuestión de Cachemira entre un Pakistán en ebullición y la India, países poseedores ambos de armas atómicas, como lo demostraron en sus ensayos de 1998.

Y tercero, porque vivimos un tiempo en que las hipótesis más alocadas pueden trasvasarse a la realidad cuando los detentores del poder de decisión carecen totalmente de escrúpulos. La amenaza es real, y afecta a la humanidad en su conjunto. Es un buen tema para Halloween, una noche de brujas como la de hoy, 31 de octubre.*

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