Movida en el gabinete antes de anuncios aún difusos

ISIDORO GILBERT

 

Fernando de la Rúa hizo movimientos de piezas en el tablero gubernamental como parte de los cambios con que espera superar la crisis derivada del colapso electoral del 14 de octubre, que incluye modificaciones en el programa económico-social, manteniéndose el objetivo del déficit cero, y especialmente la reprogramación de los intereses de la deuda externa, para bajar su peso en el presupuesto nacional.

El presidente tomó juramento al actual diputado nacional José Gabriel Dumón al frente del Ministerio de Trabajo, en tanto que la ex titular de esa cartera, Patricia Bullrich, pasa a controlar un nuevo pero presupuestariamente poderoso Ministerio de Seguridad Social y Agencia Social. Por su parte Hernán Lombardi, que era secretario de Turismo, es premiado con el también nuevo Ministerio de Cultura, Turismo y Deportes. Está virtualmente asegurado que el actual ministro del Interior, Ramón Mestre, le dejará el lugar al actual titular de la cámara baja, Rafael Pascual.

Pero en diciembre, debido a que este diputado está jugando un papel especial para evitar que los legisladores de la oposición consigan imponer la sanción de una ley que le retire los superpoderes con que se maneja hasta ahora, al titular de Economía, Domingo Cavallo. Hoy los diputados intentarán rebanarle esas facultades.

Globalmente, aunque aún habrá otros cambios, el retoque busca homogeneizar el gabinete, con la impronta de delarruistas, diferenciados de casi el resto del radicalismo, sobre todo en aquel donde, mayoritariamente, influye el ex presidente Raúl Alfonsín, severo crítico de la orientación económica-social, particularmente de Cavallo. Pero puede decir que nombró radicales, lo que no es poco en la liturgia partidaria.

Bullrich, en cambio, es de pasado peronista. En su juventud militó en la organización armada «Montoneros», pero se fue moderando con incursiones en otras líneas partidarias, incluso cercanas a Cavallo y pertenece ahora al círculo más estrecho del Presidente, que dirige su hijo Antonio de la Rúa, conocido como los «shusis». A esa extraña asociación pertenece también, entre otros, sobre todo en los servicios secretos, el recientemente designado ministro de Desarrollo Social, Daniel Santor (radical). Pero ahora su cartera será deflacionada de funciones y presupuesto. Bullrich es uno de los ases de De la Rúa para el manejo del sistema de jubilaciones y de todos los planes de asistencia social, con los que el gobierno busca exhibirse sensible con las penurias de no menos de cinco millones de argentinos que viven debajo la línea de pobreza.

Dumón, otro radical, en realidad experto en educación, fue bien recibido por un sector de la CGT, el conocido como «oficial». Pero ya chocó con el secretario de la otra central de la misma raíz, Hugo Moyano, a quien dijo que no lo recibiría por sus «declaraciones golpistas». Moyano sostiene que la crisis no tiene salida si el Presidente no da un paso al costado y se recrea la política y el poder con nuevos comicios presidenciales.

Lombardi, de la UCR, ha tenido un feliz desempeño en la secretaría de Turismo. Es también un «shusi» y ahora agrupará más funciones para políticas de impacto social. Pero la clave la tiene que dar Cavallo y su programa de ajuste y reactivación para una economía estancada hace más de 40 meses. Clave de su programa es concretar su anunciada reprogramación de la deuda externa de 132 mil millones de dólares, con la idea de que el peso de los intereses, actualmente unos 11 mil millones de dólares, se reduzcan en al menos 3 o 4 mil millones. Ha sido tan confuso el anuncio, tan frágil sus bases (en los organismos financieros, vitales para esta operación, oficialmente dicen no saber nada de ella) que el riesgo país superó la barrera de los 2.000 puntos, un ominoso récord. Una duda recorre todos los ámbitos económicos y políticos: si en rigor Cavallo puede sorprender con una medida como reprogramar la deuda –por otro lado, una demanda generalizada–, pero en condiciones que no sean patear par el futuro la carga que soportan hoy los argentinos.

Cavallo necesita un suceso para compensar su mala performance como ministro del actual gobierno y poder superar sus relaciones con los gobernadores, claves para que pueda arribar a un acuerdo sobre cómo se reparten los impuestos federales, para el cumplimiento del programa de déficit nulo. Es una gestión clave también en lo político y por eso el propio De la Rúa está buscando reunirse con todos ellos.

Es que a la crisis económica se suma la política: el debilitamiento del gobierno, minoritario en el Parlamento, necesita como el aire tener las mejores relaciones con el Partido Justicialista o, al menos, con los legisladores y gobernadores en buen número, para que el fantasma de la ingobernabilidad no se siga paseando por este país.

No es menor el conflicto social, siempre al borde del estallido, tarea de contención que De la Rúa supone frenar con la Bullrich y sus planes. *

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