A seis años del magnicidio del premier laborista Isaac Rabin

El canciller israelí acusa a la extrema derecha judía

«Es la misma instigación para matar, la misma gente, la misma ceguera, la misma falta de todo sentido de la proporción y de respeto hacia el Estado», declaró el ministro de Exteriores, Shimon Peres, en un programa radiofónico conmemorativo transmitido ayer en ocasión del aniversario del atentado, según el calendario lunar judío.

La semana pasada, en una manifestación de la extrema derecha en Jerusalén, aparecieron carteles que invocaban «Un proceso a los criminales de Oslo», es decir a quienes en 1993 se habían declarado a favor del reconocimiento recíproco con la OLP.

«Peres traidor», gritaron algunos manifestantes aludiendo a su papel decisivo en el acuerdo de entonces, y a su posición de permanente «abogado defensor» de los palestinos en el gobierno de Ariel Sharon.

Como Rabin, también Peres se desplaza protegido por un cordón de guardaespaldas, por haber sido amenazado tanto por los judíos de extrema derecha como por los palestinos de Hamas.

Durante seis años la extrema derecha israelí se vio obligada a adoptar una postura defensiva, aplastada bajo el peso colectivo de la responsabilidad moral del atentado contra Rabin.

Antes de que el asesino Igal Amir entrara en acción, sostiene la izquierda, rabinos ultranacionalistas habían hecho una obra sistemática de deslegitimización de su línea política y su persona.

En los colegios rabínicos más radicales de Cisjordania, Rabin era llamado «rodef» (perseguidor de judíos) porque presentaba la hipótesis de evacuar las colonias.

En cuanto «rodef» –explicó al parecer luego Amir a la policía– merecía la muerte.

Sin embargo, para infundir nuevas fuerzas a la derecha radical llegó la Intifada, que –se lee en sus publicaciones– «es la continuación necesaria de los Acuerdos de Oslo: Rabin y Peres dieron los fusiles a Yasser Arafat, y ahora esos fusiles se dirigen contra los judíos».

«Hoy resulta evidente, más allá de toda duda posible, que nuestra firme oposición de entonces a los acuerdos de Oslo era mucho más realista que los sueños de un ‘Nuevo Medio Oriente’ de Peres», escribió hace algunos días un comentarista del diario religioso Hazofé.

En su intento de rehabilitarse, la derecha radical intentó demostrar sistemáticamente que el atentado a Rabin fue el fruto de una conjura urdida con la complicidad de elementos de los servicios secretos.

Según un sondeo realizado entre los oyentes de la radio de los colonos Canal 7, el 86 por ciento considera plausible esta hipótesis.

El atentado a Rabin fue sólo un «incidente» –concluye la prensa de derecha– en el intento del nacionalismo religioso militante de proponerse como vanguardia del pueblo judío.

Tras la simpatía suscitada por el asesinato del ministro de extrema derecha Rehavam Zeevi de parte de palestinos, estas fuerzas, hoy marginales, están maduras para volver a ocupar un lugar de relieve. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje