El rompecabezas de cómo ayudar a los afganos
Las organizaciones humanitarias se topan con varias dificultades en Afganistán. El personal extranjero tuvo que abandonar el país días después de los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos.
Algunas de ellas, como el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), sufrieron el bombardeo de sus almacenes por aviones estadounidenses, mientras los talibán saquearon y asaltaron oficinas en las que seguían trabajando los empleados locales de ciertas organizaciones.
Además, Pakistán e Irán mantienen sus fronteras cerradas y sólo dejan pasar los refugiados a cuentagotas. Frente a esta situación, la Organización No Gubernamental (ONG) Acción contra el Hambre, basada en París, pidió ayer lunes la creación de «zonas neutrales» que sean respetadas tanto por los talibán como por Estados Unidos.
«Pedimos la posibilidad de poder entrar en el interior de Afganistán y disponer de zonas neutrales que sean seguras y respetadas por todas las partes», explicó a la AFP, Sophie Calmettes, administradora de la misión en Afganistán para Acción contra el Hambre.
«También necesitamos recursos de la comunidad internacional para abrir campamentos en esas zonas neutrales capaces de recibir a los desplazados y a la gente que necesite ayuda», agregó.
La ONG no descartó que estas «zonas neutrales» sean creadas en las regiones controladas por la Alianza del Norte, la oposición armada, que ocupaba apenas el 10% del país antes del inicio de los bombardeos el 7 de octubre.
Por su parte, el portavoz del CICR, Mario Musa, afirmó que su organización mantenía contactos con los talibán mediante su embajada de Islamabad y directamente con las autoridades en Kabul para lograr la autorización de volver a enviar personal expatriado a Afganistán.
«Por el momento, nos han dicho que no», explicó el vocero, pese al llamado de los talibán la semana pasada a las organizaciones humanitarias a reanudar sus operaciones.
«Estamos listos para entrar en Afganistán sea por donde sea y lo más rápidamente posible», explicó Musa.
El CICR, cuyo personal local sigue activo en Afganistán, también exige por parte de Estados Unidos el respeto del derecho internacional humanitario para que no vuelvan a producirse bombardeos como los de los depósitos de Kabul.
«La ventaja del personal expatriado es que puede solucionar problemas en el terreno», explicó Musa. «Puede manejar mejor ciertas situaciones e impedir, por ejemplo, que la gente trate de conseguir más ayuda que la que le corresponde», agregó. La ONG Médicos sin Fronteras (MSF) comparte la misma idea que el CICR, según explicó su portavoz Didrik van Halsima, quien también aseguró mantener contactos con los talibán.
«Estamos averiguando qué garantías y condiciones plantea la milicia islamita» para permitir la entrada de la ONG en Afganistán. «También hay que ver qué riesgos tenemos que tomar y cuáles podrían ser los resultados».
«Tan pronto tengamos el sentimiento de que podemos volver con cierta seguridad a Afganistán, lo haremos», explicó, aunque puso una clara condición: «los talibán y Estados Unidos tienen que respetar el trabajo humanitario y su independencia». *
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