A pesar de haber matado a ocho niños, las fuerzas aliadas afirman que "hay avances"

Diez civiles murieron tras nuevos bombardeos contra Afganistán

Diez civiles –incluidos ocho niños– murieron en Kabul, víctimas de un nuevo error de tiro estadounidense cuando una bomba destruyó tres casas de un barrio popular de la capital afgana, indicaron testigos a la AFP. La televisión de Qatar Al Jazira informó por su parte de al menos 15 muertos.

Los bombardeos de ayer domingo también alcanzaron las ciudades de Herat (oeste), Jalalabad (este), Kandahar (sur) y Mazar i Sharif (norte).

Por primera vez, una posición de los talibanes, situada no muy lejos de Ai Janun (noreste), cerca de la frontera con Tadjikistán, fue bombardeada mientras que tanques de la Alianza del Norte dispararon contra posiciones de los talibanes situadas en las proximidades, constató la AFP.

Entre tanto, responsables estadounidenses y británicos, respondiendo a los cuestionamientos por una aparente falta de resultados en el terreno, defendieron la forma como conducen la campaña y señalaron que a pesar de los errores hay avances en Afganistán e insistieron en que no debe esperarse una victoria rápida.

«Creemos que la campaña fue eficaz» y que «podemos medir los progresos», anunció a CNN el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, quien acusó a los talibanes de exagerar el número de víctimas civiles y de disimular los puestos de comando y depósitos de municiones en las mezquitas y escuelas.

El jefe de la diplomacia británica, Jack Straw, estimó que «este tipo de acción militar puede proseguir por tiempo indeterminado».

En Pakistán la inquietud ante una posible exacerbación de las diferencias religiosas aumentó cuando hombres armados ametrallaron a los fieles congregados en una Iglesia Católica de Bahawalpur (este), provocando al menos 18 muertos.

El papa Juan Pablo II condenó inmediatamente «ese nuevo acto trágico de intolerancia». El presidente paquistaní, Pervez Musharraf, lo calificó como una acción de «terroristas entrenados».

Un segundo atentado se produjo en Quetta (suroeste de Pakistán), donde al menos tres personas murieron y 18 resultaron heridas en la explosión de una bomba en un autobús.

Quetta, capital de la provincia de Baluchistán, no muy lejos de la frontera afgana, fue escenario de varias manifestaciones violentas contra los ataques estadounidenses.

Entretanto, un grupo de hombres armados de las tribus pakistaníes que apoyan al régimen talibán tomaron ayer el control de un pequeño aeropuerto pakistaní en la frontera noroccidental con Afganistán.

Pakistán cuenta con alrededor de 1,5% de cristianos, entre 140 millones de habitantes en su inmensa mayoría musulmanes sunitas.

Los bombardeos estadounidenses, sobre todo los daños provocados por los objetivos errados, desatan la cólera en Pakistán, pieza clave del dispositivo militar de Washington.

Según los talibanes, más de un millar de civiles murieron en los ataques, cifra refutada por Washington. Un balance de la AFP a partir de fuentes no talibanes da un total de 390 civiles muertos, 37 de ellos en Kabul.

Al cabo de tres semanas, la campaña de bombardeos parece que no ha logrado romper la resistencia de los talibanes.

El molá Mohamad Omar, jefe de los talibanes, en tono desafiante dijo al diario argelino El Yum que la «verdadera guerra» en Afganistán no ha comenzado todavía para los norteamericanos, a quienes «infligiremos una lección más amarga que la que les dimos a los rusos» entre 1979 y 1989.

Respondiendo a un llamado del molá Omar, miles de hombres de tribus fronterizas paquistaníes se encaminaron, fuertemente armados, hacia la frontera oriental de Afganistán.

Entre tanto ayer domingo las autoridades estadounidenses tuvieron que salir a desmentir que hubiesen dejado solo al comandante pastún Abdul Haq, héroe de la resistencia afgana en la guerra contra la Unión Soviética, al que los talibán capturaron y mataron mientras intentaba conseguir apoyo entre las tribus pastunes (que constituyen el 40% de la población afgana) contra el régimen.

El secretario de Defensa Rumsfeld dijo que las fuerzas estadounidenses apoyaron desde el aire a Abdul Haq, pero no pudieron impedir su captura.

Abdul Haq fue enterrado ayer domingo en su pueblo natal, Sorj Rod, 12 km al oeste de Jalalabad (este de Afganistán).

En Nueva York, varios miles de familiares de las víctimas de los atentados del 11 de setiembre contra las torres gemelas, se reunieron en el lugar de la catástrofe para una ceremonia de conmemoración.

Jóvenes y viejos, hombres, mujeres y niños de decenas de nacionalidades diferentes estaban presentes en el terreno de ruinas aún humeantes donde los trabajos de limpieza fueron suspendidos durante algunas horas.

Según las autoridades de la ciudad, 4.339 personas desaparecieron en la catástrofe. Sólo 478 cuerpos pudieron ser retirados de los escombros de los que 425 pudieron ser identificados.

En Washington, los responsables encargados de investigar los ataques con la bacteria del ántrax continuaban privilegiando una pista sobre una autoría interna y no extranjera.

El secretario general de la Casa Blanca, Andrew Card, reconoció que las autoridades disponen de «muy pocos datos concretos» sobre los ataques con ántrax, aunque defendió la acción del gobierno frente al bioterrorismo.

Un sondeo reveló que, aunque los estadounidenses siguen apoyando masivamente (88%) la campaña militar, casi uno de cada dos (43%) no cree que las autoridades dispongan de un plan bien establecido para luchar contra el bioterrorismo u otras amenazas en suelo estadounidense.

Los interrogantes también se ciernen sobre la ayuda humanitaria en el interior de Afganistán. La distribución de alimentos está «muy obstaculizada» por la ausencia de personal humanitario extranjero desde el 15 de setiembre, dijo ayer domingo a la AFP en Teherán el presidente del CICR, Jakob Kellenberger.

Tras los reiterados bombardeos de sus depósitos el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) había reclamado explicaciones oficiales y directas de Estados Unidos y garantías para que el «error no se repita por tercera vez».

Entre tanto siguen los preparativos para recibir a miles de refugiados afganos que huyen hacia Pakistán. El portavoz del Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en Quetta anunció que 15 campos están preparados para acoger a 150.000 personas.

Por su parte, los talibanes han instalado tres campos de refugiados cerca de la frontera con Pakistán, según la agencia Afghan Islamic Press (AIP). Más de 60.000 afganos cruzaron la frontera desde los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, según el Acnur, cifra que podría alcanzar los 300.000 en las próximas semanas y hasta 1,5 millones a largo plazo. *

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