El Holocausto, la autonomía palestina y el estatuto de Jerusalén en la agenda del Papa

Crucial visita a Israel

Tel Aviv, ANSA

Tras haber celebrado una misa multitudinaria ante un público que representaba casi la mitad de la comunidad católica jordana, en el estadio de Amman, el Papa hizo una breve visita sobre las orillas del río Jordán –en el que Jesús fue bautizado por su primo, el Bautista– antes de partir en avión hacia Tel Aviv.

En el vuelo que le llevaba de Jordania a Israel se produjo el primer pequeño acontecimiento de la jornada, que podría hasta haber pasado desapercibido: al pasar por el espacio aéreo de los territorios autónomos palestinos, el Papa envió un telegrama al presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat.

Con este gesto –habitualmente este tipo de telegrama se envía sólo a jefes de Estado establecidos– Juan Pablo II subrayó de manera formal su apoyo a la causa palestina, en vísperas de su visita a Belén, la ciudad natal de Jesús, actualmente en territorio de la ANP.

Y en el discurso a su llegada a Tel Aviv, el Papa dijo que «todos comprendemos hasta qué punto la necesidad de paz y justicia es urgente, no sólo para Israel sino para toda la región».

Por otra parte, el pontífice subrayó la necesidad de que las tres religiones monoteístas surgidas del Antiguo Testamento –judaísmo, cristianismo e Islam– trabajen juntas «para la paz y la justicia que los pueblos de Tierra Santa no poseen, y que desean con tanta ansia».

Pero al llegar a Jerusalén –tras la breve ceremonia en el aeropuerto de Tel Aviv y un viaje en helicóptero militar– el alcalde de la ciudad, Ehud Olmert, le dio la bienvenida al Papa «a Jerusalén, capital de Israel y ciudad de la paz», subrayando cómo para los israelíes la Ciudad Santa es su «capital única e indivisible».

En el otro discurso de bienvenida de la jornada, el que pronunció el presidente Ezer Weizman en Tel Aviv, fue mencionado el otro motivo de tensión entre Israel y la Santa Sede: la cuestión del Holocausto y del supuesto silencio de la jerarquía católica y del papa Pío XII ante la matanza de judíos europeos organizada a niveles industriales por los nazis.

El «mea culpa» específico de la Iglesia sobre las discriminaciones cristianas contra los judíos, pronunciado solemnemente por el mismo Papa el domingo pasado en el Vaticano, no parece suficiente para algunos sectores judíos, que desearían una mención más específica de la Shoah de parte del pontífice.

Juan Pablo II –el primer Papa que visita la Tierra Santa desde 1964, cuando Pablo VI permaneció en Israel unas 12 horas, sin nunca pronunciar en público el nombre del país– visitará el memorial para las víctimas del Holocausto de Yad Vashem, y muchos esperan que en ese momento exprese una condena solemne de la persecución antisemita.

Sea como fuere, el Papa subrayó que uno de los objetivos de su viaje es lograr superar los prejuicios atávicos que separan aún los cristianos de los judíos.

Tras recordar que «muchas cosas han cambiado» desde la visita de Pablo VI, su sucesor en el trono de Pedro sostuvo que «con una renovada apertura de los unos hacia los otros, debemos seguir adelante con nuestros valientes esfuerzos de superar todas las formas de prejuicio».

Juan Pablo II viajó a finales de la tarde a la residencia del Nuncio apostólico en Israel, donde dormía esta noche antes de enfrentar la primera cita de su peregrinaje, en la Belén palestina.

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