La escalada terrorista de Ariel Sharon
Aprovechando que el primer plano noticioso está ocupado por los bombardeos de EEUU a Afganistán, con cientos de muertos en sedes de la Cruz Roja, mezquitas, hospitales, escuelas y población civil en general, el gobierno de Ariel Sharon prosigue la más brutal ofensiva terrorista emprendida en el último año. Desde el 18 de octubre suman 47 los muertos palestinos, de los cuales 17 fueron víctimas de las masacres perpetradas el miércoles pasado, al tiempo que tanques y helicópteros irrumpían en las ciudades palestinas sembrando muerte y destrucción y las tropas ocupaban los territorios. como lo hace EEUU en Afganistán, una vituperable acción terrorista (el asesinato el 17 de octubre del ministro Rehavam Zeevi) es respondida con un desborde terrorista en escala inconmensurablemente superior.
A partir del día 18 «se viven los días más sangrientos desde el inicio de la Intifada», señalan los cables. La ofensiva israelí se concentró en seis zonas de Cisjordania, en Ramalá, en Hebrón, en tulkarem, en Belén (cerca de donde se cree nació Jesús) y en cercanía de Jerusalén este, a cargo del ejército, de unidades especiales y de colonos extremistas. En Ramalá mataron a 10 palestinos y no permitieron entrar a las ambulancias, dejándolos desangrar. Luego entregaron los cadáveres de 5 de ellos, todos policías, a autoridades palestinas, tildándolos de «terroristas».
Hay otro hecho revelador. Sharon se arrogó al derecho a hacer justicia por mano propia al penetrar con sus tropas en los territorios y ocuparlos, a fin de capturar –según dijeron– al asesino de Zeevi. pero los presuntos matadores fueron detenidos al comienzo de la semana, y la ofensiva militar prosiguió, alcanzando el máximo nivel el miércoles y continuó ayer. Al extremo de que desde el 28 de setiembre de 2000 hasta el 24 de octubre 2001 la trágica contabilidad arroja 922 víctimas: 722 palestinos, 22 árabes israelíes y 178 israelíes. Ayer entraron en acción tanques y helicópteros en la ribera occidental, demolieron viviendas, mataron 4 palestinos en ataques a las fuerzas de seguridad (por lo que fue decretado un día de duelo), en Belén ultimaron a un miembro de la guardia presidencial. El gabinete israelí resolvió seguir ocupando los territorios.
Los cancilleres de la Unión Europea presionaron a Arafat en el terreno para que entregara a miembros de la organización que reivindicó el atentado (el FPLP). A Sharon no le plantearon nada. Es la misma actitud indecorosa que mantuvieron en el conflicto de Kosovo, o ahora en la guerra contra Afganistán. Como contrapeso, y con el objetivo de atenuar la condena de los pueblos musulmanes por los bombardeos a Afganistán, la Casa Blanca solicitó cumplidamente a Israel su retiro de las seis ciudades cisjordanas ocupadas. El ministro de Defensas, Benjamín Ben Eliezer, rechazó la sugerencia en tono airado. Desde Washington, Shimon Peres prometió que Israel se retiraría cuando Arafat «respondiera positivamente» (aunque es notorio que el canciller no tiene ninguna gravitación decisoria). Bush y Colin Powell reiteraron el pedido de que Israel se retirara de los territorios reocupados. La respuesta fue la intensificación de la escalada. Estos tragi-cómicos pasos de comedia reproducen el episodio de los «puñetazos diplomáticos» entre Sharon y Bush al comienzo de los bombardeos a Afganistán. Bastó que el presidente, por las razones que ahora persisten (las turbulencias en el mundo musulmán por la agresión a Afganistán) declarara que un Estado palestino integra su visión a mediano plazo sobre el Oriente Medio, para que el primer ministro saltara como picado por un alacrán, lo acusara de entreguista de corte munichista, tras lo cual sobrevino una polémica de guante blanco y reverencias recíprocas. Y la masacre de palestinos continuó lo mismo que la ocupación de territorios.
El fondo del asunto es que EEUU sigue ayudando a Israel con 3.000 millones de dólares anuales, que lo provee del armamento que hace de su ejército el más poderoso en la región y que vetó en el Consejo de Seguridad la propuesta de instalar una fuerza de interposición, correspondiendo en un todo a los designios de Israel.
Antes del asesinato de Zeevi, Israel había ocupado temporalmente varias zonas palestinas. A mediados de mes Sharon anunció un retiro parcial, actitud que fue rechazada de plano por dos integrantes de extrema derecha del gabinete, que renunciaron el día 15 por esa causa: Zeevi, ministro de Turismo, y Abigdor Liberman, de Infraestructura, líderes del bloque Unión Nacional. Ambos no sólo reclamaban que se mantuviera la ocupación territorial, sino que el partido Patria, fundado por Zeevi en 1988, propugnaba la «transferencia» de la población palestina como única solución. Según el «Plan Transfer», los palestinos debían emigrar en su totalidad a algunos de los 22 países árabes, mientras Israel ocuparía todo el territorio de su único Estado.
Zeevi, que llegó el grado de general en acciones armadas contra los palestinos, negaba toda posibilidad de convivencia con éstos y rechazaba cualquier concesión de territorios a cambio de paz. Con estas posiciones participaban en el gabinete de Sharon. En la práctica, es su plan el que se sigue aplicando, a sangre y fuego.*
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