Cónclave de centenares de jefes tribales afganos contrarios a los talibán

Gobierno de unidad nacional en torno al ex rey

Ninguno de los participantes dispone de una fuerza militar en el interior de Afganistán, pero su presencia en Peshawar muestra por primera vez que, en el país e incluso en las áreas pashtú, una parte quizás minoritaria aunque importante de la población se opone al régimen de los talibán y se inclina por un gobierno provisional de unidad nacional presidido por Zahir Shah. Los partidarios de Shah, el ex rey de Afganistán, salieron a la calle demostrando que son una fuerza que las otras fracciones afganas no pueden ignorar.

En la Asamblea, que proseguirá sus trabajos mañana jueves, participan líderes de los refugiados afganos, pero también importantes jefes tribales venidos de las provincias del sudeste de Afganistán, en particular las de Nangrahar y Paktia. Algunas de las principales tribus de la etnia pashtú estaban representadas en la asamblea.

La participación de los pasthú, que en su mayoría apoyan a los talibán, es considerada particularmente significativa, pero entre los oradores hubo también quienes representaban a las minorías étnicas tajika, uzbeka y turkmena.

Un solo representante de los grupos de las minorías étnicas reunidas en la Alianza del norte estaba presente en Peshawar: se trata del ayatolá Arifi del Hezb-i-Wadhat, un partido liderado por Karimi Khalili.

Los hombres de Khalili son de etnia hazara y de religión musulmana chiíta y lucha en la región de Bamiyan, en la región central de Afganistán.

Los hazara de Khalili son el único grupo de los que integran la Alianza que no participa en los ataques contra los talibán, al menos según las fragmentarias noticias provenientes de Afganistán.

Arifi ayer no tomó la palabra, pero su presencia representa una primera señal enviada por los «hombres del rey» a las minorías étnicas y a los líderes de la Alianza. En su discurso de apertura de los trabajos, Gilani pidió que los bombardeos terminen «lo más pronto posible», pero atribuyó la responsabilidad a los «elementos extraños que desarrollan actividades terroristas en nuestro país», es decir, Osama bin Laden y su organización Al Qaeda.

Gilani propuso la creación de una asamblea compuesta por «personas representativas de todas las áreas del país», que elija luego un «gobierno provisorio» liderado por el ex rey.

El ejecutivo, agregó Gilani, debería «elaborar una nueva Constitución de acuerdo con los principios de la Sagrada religión del Islam». En Peshawar no estaba presente ningún exponente de los «talibán moderados», de los cuales la oposición afgana y el gobierno paquistaní siguen hablando pero que nadie hasta ahora ha visto.

Gilani hizo un llamado a «los talibán que piensan como nosotros», para que pasen rápidamente a la acción, es decir, derroquen al molá Mohammad Omar y a los otros dirigentes de la milicia, abiertamente alineados con Bin Laden en la «guerra santa» contra occidente. Entre tantas presencias, se registró ayer en Peshawar una ausencia muy significativa: la del comandante Abdul Haq, uno de los ex mujaidines que, días atrás, fue uno de los que más se ocupó en tratar de organizar una rebelión contra los talibán en el sur de Afganistán. Según participantes de la reunión, Haq habría entrado clandestinamente en Afganistán para promover la rebelión.

Las fuentes dijeron que el «comandante» se encuentra cerca de Jalalabad. En su discurso, Gilani agradeció a los «países hermanos», Pakistán e Irán, que recibieron a millones de refugiados afganos.

La reunión de Peshawar fue apoyada con entusiasmo y, según algunas fuentes, con generosas contribuciones financieras de Pakistán, en busca de un interlocutor después de que se deterioraron sus relaciones con el liderazgo de los talibán. *

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