"¿Miedo? ¡Claro que tengo miedo!", afirman los empleados postales

Lluvia de críticas a salud pública por casos de ántrax

«Nos hemos equivocado», admitió hoy sacudiendo la cabeza el jefe de la estructura sanitaria nacional, David Satcher, al no prescribir enseguida un tratamiento de cobertura antibiótica para los empleados de correos expuestos a la espora del ántrax.

Después de la muerte de dos personas que trabajaban en la oficina postal de Brentwood –a la que llegó la carta con ántrax dirigida al jefe de la mayoría del senado, Tom Daschle–, golpearse el pecho no es suficiente, dicen con rabia los empleados de correo que, desde el primer momento, reclamaron una terapia antibiótica pero a quienes nadie escuchó.

«Nos equivocamos –repitió Satcher– pero se justifica, cómo podíamos saber. En base al conocimiento que tenemos no se podía imaginar que la gente resultaría expuesta» (al riesgo de contagio).

El carbunco, acuerdan los biólogos, es una de las bacterias mejor conocidas por la medicina tradicional, pero el conocimiento hasta ahora estuvo limitado al microorganismo y a sus esporas en estado natural.

Sin embargo, la bacteria fue estudiada desde hace más de un siglo en laboratorios, incluso en los de la guerra bacteriológica, pero nadie se había atrevido a hacer «experimentos» como los de las cartas con ántrax diseminadas por Estados Unidos.

«Somos oficiales sanitarios. Incluso para nosotros estas son tragedias que nadie toma a la ligera», se defendió Jeffrey Koplan, director del Centro para el control de las enfermedades (CDC) de Atlanta que se encuentra en el centro de la polémica.

La verdad es que hasta los especialistas «están aprendiendo rápidamente a pesar de ellos», puntualizó Rima Khabbaz, de la sección enfermedades infecciosas del CDC.

La pregunta es por qué el CDC no intervino inmediatamente después de la aparición de la amenaza bioterrorista.

Con este punto de vista está de acuerdo Alfred Sommer, rector de la facultad de Higiene de la John Hopkins University de Baltimore quien dice: «este asunto es para el CDC».

«Hay algo que no funciona en el CDC», dijo también el senador Tom Harkin.

«Trabajamos las 24 horas», respondió Julie Gerberding, vicedirectora de la sección enfermedades infecciosas del CDC, aclarando que las fuerzas a disposición no son suficientes para realizar todos los análisis requeridos.

Los carteros tienen miedo

En una pequeña oficina postal del barrio haitiano de Miami, la empleada que atiende al público es contundente: «¿Miedo? ¡Claro que tengo miedo!». Maneja sin aprensión, pero con guantes de goma, el correo que recibe. «Todo empezó aquí, en Florida», recuerda. Largas colas solían formarse en este pequeño centro postal del norte de Miami. Ahora el público es escaso. La empleada, Geena, que no quiere dar su nombre completo, lanza: «A lo mejor la gente piensa que esto está apestado de ántrax».

En Key Biscayne, la residencial y lujosa isla ubicada frente a Miami, la oficina postal tiene un sistema de correo para automovilistas. Cada mañana, una fila de automóviles espera su turno ante los dos buzones, donde el conductor introduce su correo sin bajarse del vehículo. La propia oficina postal, aunque poco concurrida en tiempos normales, está ahora casi desierta.

La reticencia ante el correo, a entrar en las oficinas postales, parece ganar poco a poco a la población del sur de Florida, donde se produjeron los primeros casos de ántrax y su primera víctima mortal. Este mismo miércoles, el director general de Correos de Estados Unidos, John Potter, admitió: «No tenemos garantía de que el correo no sea peligroso. Pedimos que sea manipulado con mucha precaución».

«Y yo ¿qué puedo hacer? Este es mi trabajo», exclama Geena.

La alarma se ha extendido gradualmente, como una mancha de aceite, desde que un hombre murió de ántrax el 5 de octubre en West Palm Beach, unos 120 kms al norte de Miami, tras manipular una carta aparentemente «envenenada». Fue la primera de las tres víctimas mortales registradas hasta ahora en todo el país.

Tres oficinas de correo del condado de Palm Beach fueron cerradas algunas horas, la semana pasada, tras hallarse pequeñas cantidades de esporas de ántrax. Una cuarta oficina postal del mismo condado es sospechosa de albergar rastros de ántrax, pero los resultados no son concluyentes.*

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