Nueva York, cuando se produjo el crac bursátil
24 de octubre de 1929
A partir de las 11:30 am de hoy en la Wall Street (la calle de la Pared) del centro financiero neoyorquino, una muchedumbre de inversionistas presa del pánico comenzó a agolparse frente al edificio de la bolsa de valores. ¿La causa? Una estrepitosa e incontenible caída de los valores que en pocas horas convirtió en indigentes a infinidad de prósperos especuladores.
Policía montada y grupos de choque antimotines rodearon la manzana protegiendo las oficinas de la bolsa de la furia de los tenedores de acciones. Se supo que una situación similar se vive en todo el país; incluso en Chicago la bolsa cerró sus puertas, pero las oficinas de los corredores no se salvaron de la ira de sus clientes.
Desde hace más de dos años se venía manteniendo un mercado alcista sostenido artificialmente por una suerte de sobrevaluación de títulos y acciones. Jugando al alza, asalariados y pequeños rentistas invirtieron sus ahorros en papeles que día a día aumentaban su valor. La euforia de esta forma de obtener ‘plata dulce’ impidió advertir que tarde o temprano el castillo de naipes se derrumbaría. No obstante, desde principios de mes una cierta alarma empezó a cundir y fue posible asistir a una aceleración del ritmo de venta con la consiguiente baja de los valores cotizados muy por encima de su valor real. Fue así que las acciones de la United Steel cayeron a 151 y las de General Motors a 36. Ante la fiebre vendedora, la gestión de la banca Morgan fue infructuosa para detener la caída.
Mientras el presidente Hoover pedía calma a la población intentando transmitir confianza en el sistema financiero, se informó a última hora de esta noche del suicidio de once especuladores muy conocidos en el ambiente.*
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