Los cuatro objetivos del millonario jeque Bin Laden
Fue dado a conocer en 1998, se basa en cuatro objetivos y la inteligencia norteamericana, después de haber fracasado en prever los primeros, está ahora corriendo contra el tiempo para impedir que dé en los blancos que faltan.
En el verano de 1990, Bin Laden envió un fax desde Afganistán al jeque Omar Bakri Mohammed, en Londres, que se había proclamado «la boca, los ojos y los oídos» del terrorista saudita.
Bakri difundió lo que Bin Laden había definido como objetivos específicos de la jihad –guerra santa– contra Estados Unidos.
La CIA no lo tomó demasiado en cuenta, pero hoy se han transformado en la pesadilla de la Inteligencia: «Derribar sus líneas aéreas», «Impedir la libre circulación de sus naves», «Ocupar sus embajadas» y «Obligarlos al cierre de sus empresas y bancos».
El de las líneas aéreas es el punto que, según muchos analistas, debía hacer sonar decenas de campanas de alarma en la Inteligencia norteamericana.
En cambio, recién el 11 de setiembre, la CIA y el FBI comprendieron en pleno el significado.
Además del hecho físico de haber derribado cuatro aviones civiles, transformados en misiles en contra de las Torres Gemelas y el Pentágono, está también el perjuicio económico a las compañías aéreas y el enorme daño que afectó a su imagen. El efecto del largo plazo, también buscado por los estrategas de Al Qaeda, es el de la sensación de inseguridad y desagrado que acompaña a cualquiera que sube a un avión.
Los barcos son otro de los blancos ya atacado por Bin Laden que preocupa particularmente al antiterrorismo. En octubre de 2000, en Yemen, dos terroristas suicidas a quienes se consideraba vinculados a Al Qaeda explotaron contra la nave de guerra norteamericana «Cole» anclada en el puerto de Adén y mataron a 17 marinos.
Desde entonces la marina militar adoptó medidas de seguridad excepcionales, pero los barcos de crucero cargados que llevan civiles y los barcos cisterna con sustancias explosivas o tóxicas pueden ser también un claro objetivo.
La vigilancia en los puertos por otra parte es más intensa que nunca.
En cuanto a las embajadas, Francia frustró un atentado contra la de Estados Unidos en París.
La representación norteamericana en Yemen era otro de los posibles blancos; la embajada de Estados Unidos en Roma fue cerrada a principios de 2001 como consecuencia de una amenaza concreta.
La Inteligencia norteamericana aprendió que Bin Laden no deja jamás un plan sin cumplir: el ataque contra un barco de guerra en Yemen ya había sido intentado en enero de 2000, pero el barco con el explosivo se hundió porque pesaba demasiado.
Esto no impidió volver a intentarlo con éxito, razón por la cual se teme que con las embajadas pueda ocurrir lo mismo.
Las empresas y los bancos también pueden ser considerados en parte un objetivo alcanzado.
La destrucción del World Trade Center provocó la desaparición de un sector del distrito financiero de Manhattan y, al mismo tiempo, aceleró la quiebra de muchas empresas.
Las líneas aéreas están en crisis y si verdaderamente está Bin Laden detrás del carbunclo, Al Qaeda agregó otra víctima al propio balance del terror: el servicio postal de Estados Unidos. *
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