El portavoz del presidente George Bush, Aris Flescher, reconoció el nuevo caso

Antrax mata a dos empleados postales y aparece en la Casa Blanca

Una decena de miles de empleados postales que pertenecen a las oficinas de correos de Washington deben someterse a la extracción de una muestra nasal para detectar la eventual presencia de esporas de la bacteria.

La alarma entre los empleados postales aumentó después que el portavoz del presidente George Bush, Aris Flescher, reconoció este martes que la bacteria que provoca la enfermedad del carbunclo fue descubierta en una máquina de un centro de procesamiento de correo dirigido a la Casa Blanca, ubicado por fuera de la sede presidencial.

«Fue encontrada en lo que llamamos un ‘slitter’, un dispositivo mecánico que abre la correspondencia. No fue hallado en ninguna carta en particular», explicó Flescher.

Además de los dos empleados postales muertos en Washington, otros dos de sus colegas, afectados por la enfermedad, seguían hospitalizados en un estado grave.

Otra empleada de correos de Nueva Jersey presenta síntomas de la enfermedad, anunció este martes el responsable de los servicios de salud de este Estado, el doctor George Diferdinando.

La contaminación de los empleados postales podría explicarse por la utilización de aparatos que soplan aire para limpiar las máquinas de clasificación. Esos aparatos serán reemplazados por sistemas de aspiración, prometió el jefe de los servicios postales, Jack Potter.

Este se comprometió a «invertir en forma masiva en la tecnología que permita sanear el correo». Citó un equipamiento que utiliza la irradiación para matar las bacterias. «Vamos a comprar nuestro primer equipo hoy», prometió el jefe postal, que anunció también el envío de una carta a cada hogar estadounidense, explicando las medidas a tomar en caso de recepción de una misiva sospechosa.

El jefe de la minoría demócrata en la Cámara de representantes Dick Gephardt expresó el martes «sospechas» sobre la existencia de un nexo entre los atentados del 11 de setiembre y los ataques con el bacilo ántrax. «No creo que podamos probarlo, pero todos lo pensamos», dijo.

Por otra parte nueve personas que presentan los síntomas de la enfermedad continúan en observación, confirmó ayer martes el director de servicios de Salud de Washington, el doctor Ivan Walks, precisando que no se trataba solamente de funcionarios de correos.

Walks declaró que la carta recibida diez días atrás por el jefe de la mayoría del Senado, el demócrata Tom Daschle, no es el único sobre contaminado por el bacilo que haya pasado por manos de los funcionarios postales de la capital.

«Es claro que fueron enviadas varias cartas», declaró Walks en la cadena de televisión NBC.

Fue necesario esperar el anuncio de los primeros casos declarados de la enfermedad entre funcionarios postales para que dos centros de clasificación, en la capital y cerca del aeropuerto internacional de Washington-Baltimore en Maryland (este), fueran cerrados el lunes y sus empleados invitados a realizarse análisis para detectar el bacilo.

Más de 2.000 empleados del Congreso se habían sometido a tests y tratamiento una semana antes, apenas horas después del alerta. La movilización permitió detectar y tratar 28 casos de contaminación, ninguno de los cuales evolucionó hacia la enfermedad.

Deborah Willhite, vicepresidenta del servicio postal estadounidense, explicó que su administración se rigió por las recomendaciones de los Centros de control de enfermedades de Atlanta, que no recomendaron análisis y tratamientos antes de la aparición el domingo del primer caso de enfermedad.

El secretario de Salud Tommy Thompson defendió la política de sus servicios este martes ante un comité de la Cámara de Representantes, estimando que realizan «un buen trabajo», reconociendo sin embargo que «nunca experimentamos un ataque del bacilo de ántrax, es un nuevo desafío al que nos enfrentamos».

En Washington, algunos funcionarios que esperaban para realizarse los análisis, no ocultaban su cólera. «Mucha gente cree que esperaron demasiado (para reaccionar), que no les importa», dijo Jerome Jackson, funcionario del centro clasificación de correspondencia de Brentwood, cerrado para descontaminación, sobre la respuesta de las autoridades al flagelo. *

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