Las bombas inteligentes no son infalibles

La ofensiva aérea en Afganistán, después de la guerra del Golfo (1991) y los bombardeos de Yugoslavia (1999), muestra nuevamente que las bombas inteligentes no son infalibles y que subsisten los peligros para la población civil.

Los errores pueden provenir del piloto del avión o del militar que fijó el blanco y también de insuficiencias técnicas.

Los dirigentes norteamericanos reconocieron el martes el bombardeo por error en Kabul de un depósito de alimentos del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) confundido con un depósito de armas de los talibán.

El error más conocido y más grave se produjo el 7 de mayo de 1999 cuando un bombardero furtivo lanzó sobre Belgrado una bomba guiada por satélite que debía caer en las instalaciones de un servicio del ejército yugoslavo… pero ese servicio se había trasladado a otro lugar tres años antes y allí funcionaba la embajada de China, donde murieron tres diplomáticos.

Estos errores de «targeting» (nombre dado a la identificación de los blancos y a la elección de los medios para destruirlos) son limitados en comparación con los de los pilotos o cuando se trata de un defecto técnico.

Así, fue probablemente a causa de desperfecto técnico que el sábado una bomba autoguiada JDAM (Joint direct attack munition) no destruyó su blanco, un helicóptero talibán en el aeropuerto de Kabul, y en cambio cayó a un kilómetro y medio matando a cuatro personas e hiriendo a ocho.

Las bombas inteligentes pertenecen a dos grandes familias: las que son guiadas hasta el blanco y las programadas para tocarlo.

La primera está dotada de una cámara óptica o infrarrojo lanzada por el piloto y que lleva presente al blanco en el centro de la cruz de la mira.

Otras bombas son dirigidas contra los blancos identificados mediante rayos láser emitidos por otro aparato o también desde tierra firme y son invisibles al ojo humano.

Las bombas de tipo JDAM no dependen de la visibilidad o de las condiciones meteorológicas: son guiadas por inercia mediante un sistema de posicionamiento global por satélite (GPS) que permite, gracias a un pequeño receptor, saber exactamente dónde está el blanco. *

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