El ántrax, una "peste siberiana" bien conocida en Rusia

Rusia tiene profundo conocimientos sobre la enfermedad del ántrax, la «peste siberiana» de la que la Unión Soviética desarrolló una variedad extremadamente peligrosa que causó al menos 68 muertos en 1979, tras una fuga accidental en un laboratorio militar de los Urales.

Los laboratorios rusos disponen de «todos los tipos de cepas (de ántrax) para producir las vacunas necesarias», y están dispuestos a ayudar a Estados Unidos, declaró el ministro de Sanidad ruso, Yuri Chevchenko.

En Estados Unidos 13 personas se han contaminado hasta ahora, una de las cuales murió, en lo que podrían ser actos de terrorismo biológico.

Durante la guerra fría, la Unión Soviética desarrolló un amplio programa de guerra biológica.

El biólogo Alexei Yablokov, que dirigió entre 1992 y 1996 la comisión de ecología del Consejo de Seguridad ruso, confirmó a la AFP que Rusia continúa sus investigaciones con fines «defensivos», y dispone de una gran «colección» de cepas de la enfermedad.

Antes de los atentados en Estados Unidos, el 11 de setiembre, el Pentágono subrayó el 4 de setiembre la necesidad de intensificar la investigación en este campo, después de que la revista Vaccine anunciara en 1997 que Rusia había desarrollado una nueva cepa de ántrax, de una virulencia nunca vista.

Al parecer, un bacilo de este tipo fue el causante de la catástrofe llamada «Chernobyl biológico» (en referencia al grave accidente nuclear ocurrido en 1986) que se produjo en 1979 en Sverdlovsk, en la región de los Urales.

Una fuga accidental del bacilo, dotada de un vector extremadamente volátil, mató a 68 personas, según un balance oficial, aunque la prensa norteamericana habló de hasta mil víctimas.

Las autoridades soviéticas atribuyeron la epidemia a una «maniobra de diversión» de Estados Unidos, y también a una forma natural de la enfermedad del ántrax, que es endémica en Rusia.

Un tránsfuga ex soviético que pasó a Occidente en 1992, y que era el segundo máximo responsable del programa de guerra biológica de la Unión Soviética, Kanatjan Alibekov, confirmó que la catástrofe de Sverdlovsk tuvo su origen en uno de los laboratorios secretos que participaban en dicho programa, que se llamó Biopreparat.

Sus investigadores, mal remunerados, ofrecían sus servicios al mejor postor.

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