Violentos combates de artillería en el frente del noreste afgano

Con la radio en una mano y las gafas de sol en la otra, el general Barylay Jan, viceministro de Defensa de la Alianza del Norte, estudia la situación con ayuda de sus enormes prismáticos antes de ordenar a sus tropas abalanzarse sobre las filas de los talibán.

«Mire», dice invitando al periodista de la AFP a mirar por los prismáticos. «Estamos intentado destruir el puesto de mando de Yuma Namangani», el jefe de los radicales islámicos de Uzbekistán que lucha con los «voluntarios árabes» junto a la milicia de los talibán, los «estudiantes de teología» en el poder en Kabul.

Las posiciones atacadas están en la cumbre de una barrera montañosa a unos seis kilómetros al suroeste de Ai Janum, que alberga, en un recodo del río Amu Daria, las ruinas de una antigua ciudad griega cuyo nombre se perdió.

Atrincherados en los flancos del promontorio de la antigua acrópolis, varios tanques blindados T-55 disparan sin cesar. Con regularidad, la artillería pesada, desde la retaguardia, sobrevuela las colinas con un silbido siniestro.

Las fuerzas de la Alianza del Norte que están por delante, a dos o tres kilómetros de las líneas de los talibán, disparan con morteros provocando una explosión de humareda en las cumbres de las colinas.

La réplica de los talibán es poco importante. «Son débiles, están ahorrando municiones», considera, en un inglés vacilante, el general Baryalay, que, con su ropa de combate moteada, un enorme pañuelo al cuello y el pelo corto, tiene cierto parecido con el actor Arnold Shwartzenegger.

A sus 37 años, el viceministro lucha desde hace 18 años en las filas de las tropas del difunto comandante Ahmed Sha Massud, asesinado en un atentado suicida el pasado 9 de setiembre en Jwaja Bahuddín, una localidad situada a unos 20 km más al norte.

Su familia vive en Leeuwarden, en el norte de Holanda, donde su mujer dio a la luz, hace sólo veinte días, a su segundo hijo.

Por ahora, rodeado de sus comandantes, todos con radios portátiles, da órdenes al tiempo que comprueba el impacto de los disparos.

Repite lo que dicen todos los comandantes del frente del noreste. «Estamos preparados para atacar».

«Los norteamericanos no tienen razón, no deberían escuchar a los paquistaníes, que siempre nos han considerado como sus peores enemigos en Afganistán», dice en respuesta a una pregunta sobre las presiones estadounidenses para que la oposición retrase sus ofensivas.

El martes por la mañana, no hubo ningún movimiento de tropas en tierra mientras que la artillería entraba en acción.

Muchos combatientes proceden del valle del Panchir, pero Baryalay Jan insiste en mostrar el entrenamiento de una brigada de unos mil hombres, que incluye tayikos, su etnia y la del comandante Massud, uzbekos, muy numerosos en el norte de Afganistán, y pashtunes, la etnia de los talibán.

El viceministro de Defensa asegura que, en esa parte del frente, los talibán cuentan con unos 3.000 hombres. *

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