Los AC-130 entran en escena y la Cruz Roja denuncia la destrucción de un depósito
Tras diez días de bombardeos realizados por aviones cazas que sobrevolaban Afganistán a gran altitud, los aviones AC-130 intervinieron por primera vez este lunes, atacando un cuartel general de los talibán y un complejo militar en Kandahar (sur), el feudo de los talibán, reconoció un responsable del Pentágono.
Estos temidos aparatos de ataque, utilizados en Vietnam y Panamá (1989), pueden golpear con gran precisión en un centro urbano.
«Era de noche y no pudimos ver los aviones, pero no tenían el mismo sonido que los cazabombarderos», declaró a la AFP un habitante de Kandahar, que describió a los AC-130 como helicópteros.
«Ahora podemos sentir cómo las bombas llegan desde todas las direcciones», agregó, mientras continuaban los ataques.
En Kabul, según el corresponsal de la AFP, cuatro bombas explotaron de día, al parecer en el centro de la ciudad. También informó de la presencia de una gran nube de humo procedente de la zona del aeropuerto (norte).
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) denunció que uno de sus depósitos en la capital afgana fue destruido este lunes por un ataque estadounidense, dejando gravemente herido a un empleado local. El portavoz Robert Monin precisó que la Cruz Roja se quejó ante la Embajada estadounidense en Islamabad. «Tomaron nota», dijo en alusión a la reacción de la legación norteamericana. En el frente norte, la oposición armada afgana declaró que seguía progresando hacia el aeropuerto de Mazar i Sharif (norte) y que esperaba tomar esta estratégica ciudad del norte en los dos próximos días.
El portavoz de la Alianza del Norte, Abdulá Abdulá, aseguró además que los ataques estadounidenses destruyeron las capacidades de los talibán de llevar a cabo ofensivas.
Mientras los bombardeos continuaban en Afganistán, Powell se entrevistó en Islamabad con el presidente de Pakistán, el general Pervez Musharraf, quien reiteró su apoyo a la campaña antiterrorista estadounidense hasta el final.
Por su parte, Powell prometió a Pakistán un aumento de la ayuda económica de Washington y reconoció el carácter «central» de la cuestión de Cachemira en las relaciones entre India y Pakistán.
Musharraf y Powell también hablaron de otro tema sensible para Pakistán: el futuro de Afganistán tras la caída de los talibán.
El secretario de Estado –que luego partió a Nueva Delhi– aseguró que cualquier gobierno que suceda a la milicia islamita tendrá que ser «amistoso» con sus vecinos, incluso Pakistán.
Añadió que todos los elementos de la sociedad afgana, entre ellos la Alianza del Norte (oposición armada) y los «jefes de las tribus» del sur, de etnia pashtún, instalados a lo largo de la frontera paquistaní, tenían que participar en las conversaciones sobre el futuro de Afganistán. El general Musharraf afirmó que compartía la idea con Powell de que sólo un «gobierno multiétnico, con una base amplia», instalado sin injerencias exteriores, puede garantizar una paz duradera en Afganistán. El proceso de instalación de un nuevo régimen en Kabul podría involucrar al ex rey Mohamad Zaher Sha, derrocado en 1973, la Alianza del Norte y «elementos moderados del régimen talibán», declaró el presidente paquistaní.
Precisamente, una delegación del ex monarca, de 87 años y exiliado en Roma, se entrevistó el lunes con Musharraf en Islamabad.
El ex ministro de Relaciones Exteriores de Afganistán, Hedayat Amin Arsala, que encabeza la delegación del ex soberano afgano, declaró ayer martes que el proceso de paz «está abierto» a todos los que acepten la estructura política que designen los propios afganos, incluidos los talibán moderados.
«Cualquier talibán que apoye este esfuerzo puede esperar participar en el proceso. Pero esto no significa que puedan manternerse como gobierno o como estructura política», subrayó.
Pakistán y Estados Unidos se pusieron de acuerdo ayer martes sobre el perfil de un gobierno postalibán en Afganistán, mientras la aviación estadounidense intensificaba sus ataques directos contra las fuerzas de los talibán, tras haber inutilizado sus infraestructuras militares.
Por primera vez, las fuerzas de Estados Unidos recurrieron a los aviones AC-130, que pueden volar a baja altitud y poseen una gran potencia de fuego, única en el mundo, para bombardear Kandahar. Su entrada en escena parece indicar que Washington ya no teme a la defensa antiaérea de los talibán. Entretanto, la psicosis por el bioterrorismo seguía extendiéndose por todo el mundo.
En Nueva York, un bebé, hijo de un empleado de la cadena de televisión ABC, se contagió con la bacteria del ántrax. Se trata del decimotercer caso de contaminación con este bacilo.
El presidente paquistaní, el general Pervez Musharraf, tras reunirse con el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, en Islamabad, reiteró ayer martes que apoyará la campaña militar de Estados Unidos en Afganistán durante «todo el tiempo que dure».
Pakistán y Estados Unidos «acordaron trabajar juntos para desarrollar y reforzar la cooperación en todos los ámbitos posibles» para «conducir a los autores, los organizadores y los instigadores de los ataques ante la Justicia», declaró en una rueda de prensa conjunta.
Ambos dirigentes afirmaron su acuerdo en cuanto al carácter del futuro gobierno afgano, que deberá ser «amistoso» con sus vecinos, «multiétnico», «ampliamente representativo» y «establecido sin intervención externa».
El presidente paquistaní precisó que el proceso de instauración del futuro gobierno podría implicar «al ex rey (afgano) Zaher Sha», exiliado desde 1973 en Roma, cuyos enviados llegaron el lunes a Islamabad, así como a la Alianza del Norte, coalición militar de minorías étnicas antitalibán, y a «elementos moderados del régimen talibán».
La reafirmación del apoyo paquistaní a la guerra antiterrorista emprendida por Estados Unidos tras los atentados del pasado 11 de setiembre se produjo mientras seguían los bombardeos «bastante fuertes» contra los talibán durante toda la jornada, en especial en torno a Kabul y Kandahar (sur), feudo de los talibán, indicó el Pentágono.
Por primera vez, la aviación norteamericana utilizó el lunes por la noche dos AC-130, aviones pesados derivados del avión de transporte C-130 Hércules, que actúan a baja altura y están dotados de una enorme potencia de fuego, contra objetivos en Kandahar.
Según el Pentágono, los AC-130 atacaron el cuartel general de los talibán y un complejo militar en una de las operaciones «más importantes» de la campaña militar, iniciada el pasado 7 de octubre por Estados Unidos.
Según los talibán, 33 civiles habrían muerto en esos ataques. La milicia islámica reconoció que una base militar cercana al pueblo de Lal Mohammad, a unos 30 km de Kandahar, había sido «seriamente alcanzada».
Equipado con cañones de 25, 40 y 105 mm, cámaras de video e infrarrojos y radar, el AC-130 puede atacar en cualquier condición meteorológica, perseguir a su objetivo en tierra y distinguirlo de las fuerzas aliadas.
Está especialmente diseñado para apoyar operaciones de comandos.
La región de Kandahar, atacada diariamente desde el inicio de las operaciones norteamericanas, es el lugar de residencia habitual del jefe supremo de los talibán, el molá Mohammad Omar. También en ese feudo militar y político de los talibán se instaló el fundamentalista islámico de origen saudita Osama bin Laden, acusado por Estados Unidos de ser el instigador de los atentados que dejaron más de 5.500 muertos y desaparecidos el pasado 11 de setiembre en Estados Unidos.
El
secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, anunció por su parte que la aviación norteamericana iba a atacar también a las fuerzas de los talibán desplegadas al norte de Kabul.
Durante la noche del lunes, los habitantes de la capital afgana escucharon bombardeos en esa región. Kabul carecía de electricidad el martes, ya que la principal central de la ciudad fue alcanzada.
Las fuerzas de la Alianza del Norte, que se encuentran a unos 50 km al norte de Kabul, reclaman desde hace varios días la intervención de la aviación norteamericana para ayudarles a franquear la línea de frente de los talibán.
En el norte del país, las fuerzas de la Alianza se encontraban ayer martes a sólo cinco kilómetros de la estratégica ciudad de Mazar i Sharif, en torno a la cual continuaban los intensos combates, según un portavoz de la oposición.
El doctor Abdulá, uno de los responsables de la Alianza, consideró que los ataques norteamericanos «dañaron seriamente» la capacidad militar de los talibán, que «ya no pueden llevar a cabo ofensivas», pero que «la derrota de los talibán en todo Afganistán tomará tiempo».
Frente a la determinación norteamericana, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, instó a todas las partes en conflicto a tomar las medidas posibles para limitar el número de víctimas civiles. Los talibán hablan todos los días de víctimas civiles y aseguran que los bombardeos estadounidenses han dejado ya más de 300 muertos entre la población afgana.
Ese balance, que Washington rechaza, no puede ser confirmado por fuentes independientes.
En Estados Unidos, seguía extendiéndose la psicosis causada por los casos de ántrax, después de que el presidente norteamericano, George W. Bush, anunciara que se había enviado una carta que contenía la bacteria del ántrax al despacho del jefe de la mayoría demócrata del Senado norteamericano, Thomas Daschle, en el Congreso de Estados Unidos.
Bush no descartó que la organización de Osama bin Laden, Al Qaeda, esté detrás de esa letra contaminada.
«No lo descartaría, pero aún no tenemos pruebas», declaró. Tres de las trece personas contaminadas desarrollaron la enfermedad y una de ellas falleció.
La ola de alertas de ántrax en Estados Unidos se extendió el lunes a Canadá, Europa, América Latina y Australia.*
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