París, cuando ejecutaron a Mata Hari
16 de octubre de 1917
Cumpliendo la sentencia dictada por una corte marcial, la sensual bailarina Margaretha Gertrude Zelle –conocida en el ambiente del music hall como Mata Hari– cayó bajo las balas del pelotón de fusilamiento.
Esta mujer de origen holandés había aprendido en Java danzas indígenas que luego utilizó en cabarets y centros nocturnos de Montmartre y que lograban hechizar al hombre más insensible; solía presentarse apenas cubierta por sutiles velos y adornada con plumas y joyas.
Valiéndose de estas artimañas, Mata Hari no tuvo inconveniente en seducir al coronel Abelland y consiguió sustraer de su portafolios documentación confidencial que pasó a los alemanes.
Detenida por la inteligencia militar francesa, confesó su condición de espía doble y fue condenada a la pena capital.
Cuando apenas una luz mortecina se insinuaba por el este, la mujer fue conducida desde su calabozo hasta un patio abierto dentro del cuartel de Vincennes.
Nuestro corresponsal asegura que a pesar de lo demacrada que lucía, Mata Hari no había perdido su distinción, ni su exótica belleza, ni su turbador erotismo. *
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