Los grandes partidos argentinos perdieron millones de votos
ISIDORO GILBERT
Eduardo Duhalde, el ex vicepresidente de Carlos Menem y ex gobernador, dos veces, bonaerense, que logró una victoria abrumadora sobre el ex vicepresidente Raúl Alfonsín en la disputa de las bancas senatoriales por ese distrito, dijo ayer que no tenía confianza en que el presidente fuera a cambiar su orientación económica y reiteró que si no se sale de la recesión, se entrará a la depresión y de allí al caos, una muletilla que utilizó en la breve campaña electoral.
Duhalde y otro ganador, el aliancista Rodolfo Terragno, que piloteo la victoria de la coalición oficial con un discurso contra la política económica, un rasgo de la jornada atípica del domingo, se pusieron de acuerdo en analizar juntos una actitud concordante para presionar a De la Rúa a modificar el actual rumbo.
No es lo que piensa el presidente: su vocero, Juan Pablo Baylac, insistió en que no se tocará la ley que obliga al déficit cero para privilegiar a los acreedores y mucho menos la ley de convertibilidad.
El ministro de Economía, Domingo Cavallo, para la mayoría de los analistas el gran derrotado el domingo, prepara una batería de medidas con la idea de que alentarán la producción.
En primer lugar tiene que encontrarle una salida a las provincias, a las que le anticipó un recorte de los dineros que les corresponden, mediante una compleja negociación con los acreedores de las mismas, bancos y fondos de pensión del país, renuentes a bajarle los intereses con que fueron pactados préstamos.
Los analistas están contestes en que hoy ningún sector podría proponer algo diferente al ministro, a pesar del slogan de campaña.
Pero también creen que si en las próximas semanas no logra recrear un clima de confianza, sus tiempos estarán contados.
Presidente debilitado
El intrascendente mensaje presidencial analizando lo ocurrido el domingo no termina por ser digerido.
Unos creen que reitera su estilo de mostrarse por encima de las pujas políticas y que cree que no sufre de su desgaste.
Otros sostienen que una conclusión más profunda de lo sucedido lo obligará a adoptar decisiones.
Por ahora únicamente se ha dirigido a los mercados, que no han reaccionado con ninguna alegría, más que a los electores.
Prepara una reorganización ministerial que no lo obligue a compromisos con el liderazgo de su partido, la Unión Cívica Radical, con la idea de protagonizar los acuerdos necesarios con el peronismo vencedor para hacer gobernable el país, a través del Parlamento.
No se recuerdan antecedentes de que un gobierno constitucional sea minoría en las dos cámaras.
En el Senado Nacional, el peronismo tiene quórum propio y en la de diputados es primera minoría y ya decidió reclamar la conducción del cuerpo.
En el PJ hay disenso sobre si exigirán que uno de los suyos sea proclamado después del 10 de diciembre, día del relevo de los legisladores, como titular de la Cámara alta, de hecho el vicepresidente del país, desde la renuncia de Carlos Chacho Alvarez, hace poco más de un año.
El ministro del Interior, Mestre, puso el dedo en la llaga ayer al indicar que Duhalde, visto como el gran vencedor, debía meditar por el alto número de votos que perdió respecto de votos anteriores.
Efectivamente: en 1997, la última parlamentaria pura, no había una elección presidencial que algo distorsiona los datos, el peronismo bonaerense logró medio millón de votos más que ayer, habiendo entonces perdido.
No es el único drenaje. En todo el país ese año el peronismo había conseguido 6.166.617 sufragios; ayer, solamente 2.632.278, una fuga mayor a los 3,5 millones de votos. Para la Alianza las penurias han sido mayores: en 1997, consiguió 7.762.800 sufragios y el domingo 1.781.489, casi seis millones menos, más que el número de votos de todo el padrón electoral de muchos países.
La suerte de Cavallo
El partido de Cavallo, Acción por la República, desapareció virtualmente, aunque con pactos con menemistas y con otros peronistas logra algunos escaños. ¿A dónde han ido los sufragios? Son múltiples los caminos que llevaron a los desencantados.
En primer lugar, hacia el voto bronca, en blanco y anulado, que es posible que supere a los de la Alianza; luego, al abstencionismo, que fue mayor, no tanto, que otros años; a las nuevas formaciones políticas, como el ARI de la diputada Elisa Carrió; al Polo Social, del padre Luis Farinello, y a la fragmentada izquierda que si se suma todo lo que consiguió el domingo, llega al millón cien mil votos.
Unos 600.000 obtuvo la Izquierda Unida, donde están comunistas, trosquistas, peronistas combativos e independientes.
En rigor, esta millonada de votos, que les dio 7 diputados nacionales, no tiene mucho más peso que el voto en blanco, en razón que son tantos los enconos entre las diversas agrupaciones marxistas o ecologistas, que no podrán hacer pesar esa búsqueda de un sector de la ciudadanía por nuevas opciones.
La mejor elección de la izquierda contemporánea fue en 1989, con poco más de medio millón de sufragios en todo el país y un legislador.
Izquierda fragmentada no es igual a voto en blanco o impugnaciones en masa pese a que algunos pequeños partidos de izquierda extrema (Partido de la Liberación, Partido Comunista Revolucionario, Montoneros), hicieron prédica por esa manera de participar y se consideran merecedores de los resultados logrados.
Con tantas divisiones y otras fugas de votos a nuevas opciones también por centro derecha, en la Cámara baja habrá no menos de 20 partidos representados.
El ARI, aunque consiguió poner en principio un senador nacional y convertirse en el tercer partido, no estuvo a la altura de las expectativas.
En gran parte, el hecho de que Elisa Carrió no fuera candidata, acaso les quitó la posibilidad de vencer en el distrito federal y mejorar su performance en las provincias.
También hubo posiciones sectarias en su seno, sobre todo un viejo prejuicio del socialismo democrático con todo aquello que huele a peronismo.
Cosas de la vida: Bravo fue ungido senador nacional, porque un grupo peronista, Nuevo Milenium, lo llevó como su candidato a la Cámara alta.
Legítimos pero poco representativos
En otros tiempos, semejante disgregación y falta de apoyo efectivo hubiera generado movimientos en los cuarteles.
Esa situación no existe, pero el escenario es favorable para la irrupción de algún Chávez criollo como se cree desde hace tiempo.
Nadie quiso hablar del 2003, cuando se realice la renovación presidencial, pero de hecho en el justicialismo hay cuatro pretendientes: los gobernadores de las provincias de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, de Santa Fe, Carlos Reutemann, y el de Córdoba, José Manuel de la Sota, y desde ayer, aunque lo niegue, el mismo Duhalde. No son voces que entonan la misma canción, pero sí fuertes animales políticos, con ansias de poder.
La votación del ARI no le otorga títulos para encabezar per se una nueva alternativa, pero Carrió ha dicho que no entrará en componendas así pierda más elecciones.
Ella insiste, con el clima general detrás de su razonamiento, que «hay un régimen que se muere y otro que tarda en parir».
En sus arrabales, el Polo Social, de Farinello, podría ser un ave de paso, al menos que encuentre maneras de combinarse con otros sectores opositores.
A la UCR y el Frepaso llegaron también tiempos de reflexión. Como al fin de cuentas, mal o bien, la Alianza ganó en la Capital Federal, el gobernador de la ciudad, Aníbal Ibarra, que apoyó a Terragno (su hermana Vilma Ibarra es la s
egunda senadora porteña), siente su esquema de poder diferente al de De la Rúa, fortalecido.
Terragno emerge aunque ahora dice que es tiempo para otras cosas, como el principal pretendiente para 2003 y un entusiasta por mantener la Alianza y ampliarla, lo explicitó, a sectores progresistas como el ARI.
Todas, ahora, fintas. La realidad está en la situación económica y social. ¿Cuánto puede soportar este país otros ajustes?
He aquí uno de los grandes interrogantes para un liderazgo político que es menos representativo que en el pasado, aun ganando distritos o bancas. *
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