"Nada puede ser peor: pasamos todas las noches esperando las bombas"

Desheredados y bombardeados: la vida de los últimos kabulíes

El lunes empezó para ellos el inicio de la segunda semana de bombardeos. Ocho días sin dormir, ocho días de temor.

Los más ricos han huido, al campo, lejos de los ataques aéreos norteamericanos, convertidos en la realidad cotidiana de los kabulíes. Los habitantes más pobres de la capital no tienen elección. Se han quedado.

Abdul Malik, de 34 años, padre de cinco niños, y que vive en el barrio Deh Afganan, vende huevos en el centro de la ciudad, pero el negocio está en decadencia.

Según él, «la gente que compraba huevos ha abandonado la ciudad. Sólo quedan los que comen pan seco. Los que podían pagarse unos huevos, o fruta, se han marchado», indicó.

«Mis hijos se refugian en brazos de su madre todas las noches durante los bombardeos, gritando y llorando», detalló.

«Antes escuchaba la radio todas las noches, pero ya no puedo. Cortan la electricidad, y no tengo dinero para pilas», explicó, mientras aviones estadounidenses sobrevolaban la ciudad el lunes por la mañana.

«Nada puede ser peor que lo que me ocurre: pasamos todas las noches esperando las bombas», declaró Habibulá, de 40 años, funcionario en el Ministerio de Transportes, que explicó que «no me han pagado el salario desde hace cinco meses. No hay nada que hacer, no me pagan, y además nos bombardean».

Todos los cristales de su casa estallaron el sábado por la noche, cuando una bomba cayó en una colina cercana. El mismo sector, en el centro de la ciudad, fue de nuevo atacado este lunes, de día.

«Quizás sea mejor morir de una vez por todas, y no soportar más este miedo constante», explicó el funcionario, que no tiene dinero para marcharse.

Mohamed Wakil, de 30 años, y que vende pilas, jabón y peines en la calle Mohamed Jan Khan Wat, en el centro de la ciudad, explicó que «no tengo elección, pero estoy preocupado por mi familia, que se ha ido, y ellos están inquietos por mí».

«No estoy seguro de que Estados Unidos pueda estar orgulloso de sus actos, de atemorizar a mujeres y niños», declaró el lunes a primera hora de la mañana, cuando se oían los disparos de la defensa antiaérea talibán, apuntando a un avión visible en el cielo. «Alcanzan zonas civiles, porque todo el mundo sabe que los civiles viven junto a zonas militares. Ahora el simple vuelo de un avión sobre la ciudad da miedo», relató. En los pueblos de Qala-e-chaman y Qala-e-waki, cercanos al aeropuerto, y alcanzados por las bombas el viernes y el sábado, la inquietud también crece. «Los norteamericanos dijeron que sólo apuntarían contra los militares, ahora también atacan a los civiles», explicó un residente, que dijo haber oído por la radio que el ataque podía alargarse dos años. «No hemos soportado una semana ¿cómo vamos a soportar dos años. Si esto continúa ni siquiera tendremos agua y pan». *

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