Le Monde, Haaretz y el terrorismo de Sharon

Ariel Sharon aprovechó el clima mundial generado por la guerra de EEUU contra Afganistán para intensificar la represión antipalestina y «limpiar» étnicamente varias zonas con vistas a la creación de nuevas colonias y su anexión a Israel. A pesar de que las noticias sobre los bombardeos inundan los medios, estas acciones de Sharon, en la línea de terrorismo de Estado impuesta desde su acceso al poder en febrero, llegaron a la primera plana de Le Monde y al diario israelí Haaretz.

Bush y Sharon

Las muertes y destrucciones en los territorios se multiplicaron tras el 11 de setiembre. Sucedieron luego otros enfrentamientos sangrientos, con víctimas de ambas partes. EEUU hizo un llamado a la clama, y –ya en curso la guerra– Bush expresó que un Estado palestino integra su visión sobre Oriente Medio, lo que suscitó una reacción descontrolada de Sharon y una declaración conciliadora inmediata de la Casa Blanca en el sentido de que Israel no tiene un aliado y amigo más cercano en el mundo que EEUU y el presidente Bush, lo que dejó el campo libre a nuevas agresiones y ocupaciones de tierras.

El panorama no cambia con la nueva declaración de Bush el 11 de octubre sobre el derecho a la existencia de un Estado palestino, destinada a atenuar las multitudinarias manifestaciones contra la agresión norteamericana en Pakistán, en Indonesia, en la India, también en la Inglaterra de Blair y en la Italia de Berlusconi, entre muchas otras (que son relegadas en informativos hoy sometidos a una censura internacional).

Convivencia árabe-judía

En este cuadro se insertó la caravana del 15 de setiembre del grupo Ta’Ayush (Convivencia Arabe-Judía) en solidaridad con palestinos de la zona de Sussia, cercana a la población de Iatta, al sur de Hebrón. Lograron evitar su desalojo, enfrentando al ejército israelí, pero dos noches después irrumpieron las patrullas, expulsaron a 118 personas, destruyeron precarísimas viviendas y contaminaron un tanque de agua potable donado (como señalamos en nota del 21 de setiembre). Ahora se produjo allí un nuevo episodio, del cual da cuenta Le Monde en nota de tapa firmada por su corresponsal en Jerusalén, Gilles Paris.

Este recuerda que la Corte Suprema israelí había dado razón a los palestinos asentados en la zona, codiciada de tiempo atrás por los israelíes y en la cual el ejército había talado los olivares y destruido los cultivos. El 25 de setiembre regresó el ejército intentando expulsar a los habitantes y declarando a la zona territorio militar cerrado a los civiles. Entraron en liza de nuevo los militantes del Ta’ayush, «esos pacifistas árabes e israelíes que más allá de los horrores han mantenido sus principios –escribe el corresponsal– y enfrentaron a los militares, pasando la noche con los palestinos para impedir toda nueva tentativa del ejército». La acción dio resultado. La Corte Suprema pidió explicaciones a las autoridades y prudentemente el ministro de Defensa, Binyamin Ben Eliezer, tiró la toalla, poniendo fin a las operaciones de «limpieza étnica» y echándole la culpa al responsable militar local.

Una pequeña luz

El corresponsal escribe: «Oscurecida por el balance sangriento del período transcurrido desde el 28 de setiembre (de 2000), ese día se encendió una pequeña luz de esperanza. Israelíes y palestinos alcanzaron una victoria común contra la adversidad y accesoriamente contra el ejército».

Estos hechos motivaron un extenso comentario coincidente de Gadi Algazi, historiador de la Universidad de Tel Aviv, publicado en el suplemento literario del diario israelí Haaretz del 5 de octubre.

El autor, participante de las acciones, informa que los 80 activistas «de distintos colores» volvieron a la zona el 24 de setiembre, «abrimos el aljibe tapado con rocas por el ejército y los más valientes se deslizaron con sogas para limpiar con baldes y palas el interior. Vimos el resto de las carpas, las viñas arrasadas, las cuevas que sirven de vivienda y de depósito, tapadas con rocas. Un tractor destruyó en pocos minutos lo poco que permite la vida en ese lugar. De noche algunos nos quedamos para impedir que el ejército retornara a expulsar a la gente.

La noche transcurrió en una tranquilidad profunda y engañosa. Un jeep de seguridad patrulla en el fondo, el asentamiento de Sussia de un lado, el campamento militar del otro, y en las carreteras pasan tanques, jeeps militares y tractores de los colonos. Junto al asentamiento esperan turno las casas prefabricadas. En la mañana se fueron juntando los habitantes alrededor nuestro. A las ocho llegan los soldados».

El relato de la discusión con los militares incluye aspectos ideológicos y psicológicos. Se ordenó a los poseedores de documentos naranja (en los ghettos los judíos llevaban estrellas amarillas) agruparse para ser deportados a Iatta.

Los militantes se oponen y se entabla un vivo debate. («Respeten a los soldados de Israel». «Ustedes son también seres humanos»).

Celulares mediante, se alerta a gente, en Jerusalén, Tel Aviv y a miembros de la Knesset que contactan a la Corte Suprema, la cual vuelve a pronunciarse. Los soldados se van. Por la tarde regresan. Ahora dicen que puede haber un atentado de Hamas. Les agradecen el dato. Se llega a la víspera de Yom Kippur, Día del Perdón. Reina una tensa calma. La amenaza subsiste. *

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