Una ola de simpatía de las tribus afganas hacia los milicianos integristas

Bombas generan consenso para Talibán

«Todos los jefes de tribus y comandantes con que estoy en contacto estaban dispuestos a rebelarse contra los talibán antes de las incursiones, pero ahora muchos lo están pensando, sobre todo debido a los cientos de víctimas civiles», dijo Haji Hayatullah, un ex comandante de los mujaidines (los partisanos de la guerra santa contra los soviéticos).

«Lo que ocurre en Afganistán es una jihad (guerra santa) defensiva», se hizo eco el maulana (honorable) Mohammed Allam, un líder tribal de Batkhila, un pequeño centro en el límite entre los dos países cerca del paso de Malakand, 150 kilómetros al norte de Peshawar.

Hayatullah no da mucho crédito a los rumores, no confirmados pero creíbles, que hablan de los primeros quiebres en la dirigencia talibán, y en particular de una deserción del ministro de Exteriores de la milicia, Wakil Ahmed Muttawakil.

«Por lo que sé» –dijo– «los talibán políticamente son más fuertes de lo que eran antes del comienzo de los ataques. Puedo citar el ejemplo de la tribu de los shinwari, que estaba a punto de comenzar una revuelta armada contra los talibán y ahora bloqueó todo».

Hayatullah y Allam representan los dos frentes de la guerra política que se está llevando a cabo en estos días entre Pakistán y Afganistán, aquella por el «corazón y la mente» de los casi 42 millones de pashtun que viven a caballo de la frontera (30 millones en las áreas tribales, en la provincia paquistaní de Balukistán y la provincia de la Frontera del Noroeste –NWPF– además de 12 millones en Afganistán).

De los pashtun afganos proceden todos los líderes talibán y gran parte de sus combatientes. Hayatullah opera entre los refugiados afganos de Peshawar, con más de un millón de desplazados es la ciudad «afgana» más grande del mundo, y está en contacto directo con los líderes afganos.

Allam es teóricamente paquistaní, pero se muestra, viste y habla como un talibán. De barba larga y turbante negro, se niega bruscamente a dejarse fotografiar.

La zona tribal de Malakand está sobre los primeros contrafuertes orientales del Hindu Kush. Allam es el líder del movimiento integrista llamado Tehrik Nifaz Sharia Mohammadi, que en 1994 desencadenó una revuelta armada, pidiendo la aplicación de la ley islámica al estilo de los talibán.

La revuelta duró un mes antes de ser sofocada por el ejército paquistaní, y provocó la muerte de 100 personas. Líderes locales como Allam y su mentor, el anciano Sufi Mohammed, tienen muchos seguidores entre los pashtun de la frontera: todos están con los talibán, por ideología, etnia y cultura.

En Salkhot, a los pies de las montañas y a unos 20 kilómetros de Batkhila, el viernes pasado fue asesinado en un enfrentamiento armado un agente de los Frontier Scouts, el cuerpo paramilitar que afronta junto a la policía las protestas de los integristas.

En los últimos días, las protestas más numerosas y violentas contra los talibán se produjeron en las áreas tribales, en la NWFP y en Balukistán.

«Hasta ahora hubo sólo protestas espontáneas, pero estamos dispuestos a movilizar a más de tres millones de personas, estamos dispuestos a combatir con los talibán», dijo Allam.

«Los pashtun paquistaníes» –agregó Hayatullah– «no están interesados en los asuntos de Osama bin Laden, pero simpatizan naturalmente con sus hermanos pashtun» afganos.

Los líderes pashtun no saben bien cómo comentar las masacres de Nueva York y Washington, y no parecen comprender hasta qué punto Estados Unidos y sus aliados tienen intención de terminar con Bin Laden y los talibán.

«Sabíamos que se produciría esta reacción» –dice Hayatullah–, «por eso habíamos pedido a los norteamericanos que esperaran». Pero Allam y sus seguidores son más expeditivos: «Debe haber sido una conjuración de los judíos para tener mayor apoyo», aseguran. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje