Putin con pocos competidores en comicios rusos

La campaña electoral se caracteriza por la ausencia de programas precisos y el propio Putin sólo divulga afirmaciones imprecisas y bastante vagas, expresadas recientemente en una «Carta Abierta a los Electores». Lo firme es que Vladimir Putin dice bregar por un Estado ruso fuerte, que está llevando adelante la guerra de Chechenia y pretende estabilizar a la economía rusa mediante reformas liberales y el fortalecimiento de la regulación estatal. Hay, sin embargo, muchos interrogantes, como por ejemplo de qué manera se logrará afirmar la mencionada estabilidad, si bien Putin cuenta con el apoyo de parte de la oligarquía, del aparato de seguridad y de la cúspide militar. Otra pregunta a occidente. ¿Seguirá aplicando la Doctrina de Seguridad de su antecesor, Yeltsin, o habrá cambios en la actual orientación?

Putin deja en nebulosa cómo piensa, si logra la victoria, resolver los gravísimos problemas económicos de la población. Recientemente se supo que la población de la Federación Rusa ha disminuido, en 1990, en 800.000 personas a causa de las deplorables condiciones de vida. La asistencia médica ha caído y la mendicidad es tremenda, dado las altísimas cotas de desocupación y las bajísimas jubilaciones que perciben millones de rusos.

Putin es comparado con una caja negra

Ante esta imagen de «caja negra», impenetrable desde afuera, las diversas fuerzas políticas manifiestan, no obstante, la esperanza de hallar algo positivo en el futuro bajo Putin. Así, por ejemplo, los patriotas rusos esperan de Putin una firme orientación contra los Estados Unidos, y el firme rechazo de la extensión de la Otan hacia el este, mientras los comunistas creen que con Putin hay posibilidades de que se aplique una política económica dirigista, que pueda sacar al país de la profunda crisis económica en la que se encuentra.

Otros grupos actúan en forma parecida. Sólo «Jabloko» y los partidarios de los derechos humanos, que le siguen, parecen adoptar una oposición clara y tajante. Lo cierto parece ser, que hasta el momento, catorce días antes del acto electoral, la situación no es de confrontación de programas sino de posiciones a favor o en contra de Putin.

La conclusión de expertos es que de hecho Putin no tiene competidores serios y que la oposición que se agrupa contra él actúa de acuerdo a las posibilidades de poder participar del poder o se limita a demandar democráticamente la humanización de la política de fuerza de Putin, tanto hacia dentro como fuera, incluyendo las acciones bélicas en Chechenia. Otro factor que juega a favor de Putin es que entre los adversarios de la guerra se hallan muchos ciudadanos que no condenan las «acciones antiterroristas contra los bandidos chechenos» sino critican el peligro de su desbordamiento en una guerra de exterminio.

Todos estos factores permiten pensar que Rusia, este inmenso país euroasiático, busca un camino para lograr una normalización posoviética, donde desempeña un papel destacado la lucha permanente contra las posiciones de occidente de menospreciar el papel de Rusia como gran potencia. Putin quiere para Rusia un lugar acorde con sus fuerzas potenciales, tanto militares como económicas. Esta tesitura no encuentra acogida positiva en Washington, que teme el poder de Rusia y sus posiciones a veces bastante independientes, caso del conflicto de Yugoslavia.

Putin manifiesta diariamente que quiere salvar a Rusia del desastre que la azota. Si lo quiere verdaderamente se verá luego de las elecciones, cuando tendrá que poner las cartas arriba la mesa.

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