El "delfín" del Kremlin
La televisión rusa mostró a Putin vestido con chaqueta de aviador y máscara de piloto, al comando del aparato que lo llevó desde Soci, donde descansó el fin de semana a orillas del Mar Negro, hasta la república caucásica, donde el ejército de Moscú combate desde hace seis meses a los rebeldes separatistas.
Putin, de 47 años, a quien las encuestas pronostican una victoria electoral en primer turno con casi el doble de votos que su adversario más cercano, Guennady Zhuganov, apretó así el acelerador en la campaña electoral, hasta ahora en sordina.
En efecto, el «delfín» de Boris Yeltsin se limitó hasta ahora a recoger los frutos de la campaña bélica en Chechenia, que cuenta con la aprobación de la mayor parte de los rusos.
Su espectacular llegada al aeropuerto militar de Severny, en Grozny, al comando de un avión de guerra, está destinada a dar una imagen aun más eficaz que cualquier propaganda electoral, a la que por otra parte se negó, afirmando que la presidencia rusa no era «ni tampax ni chocolates» y por lo tanto no haría anuncios por la televisión. Putin aseveró en varias ocasiones que sus acciones como presidente hablarían por sí mismas, pero sin embargo, aparece por la televisión casi cotidianamente, durante sus viajes a lo largo y a lo ancho de la inmensa Rusia.
La televisión ya lo había mostrado, cuando aún era primer ministro, en octubre, piloteando un jet SU-25 y en otra ocasión, haciendo alarde de su técnica en el judo.
La guerra en Chechenia prosigue en las montañas del sur, donde los chechenos que escaparon de Grozny y de otras ciudades expugnadas por el ejército ruso, se refugiaron a principios de marzo, pero Putin anunció hoy en Grozny, por primera vez, que retirará una parte de los efectivos.
El retiro, sin embargo, será prácticamente virtual, ya que el presidente dijo también que gran parte de las fuerzas enviadas a la república rebelde seguirán emplazadas en territorio checheno.
Las tropas, según Putin, serán para salvaguardar la seguridad de los mismos chechenos contra la guerrilla separatista e impedir nuevos brotes de terrorismo en Rusia y Daguestán, como los que llevaron a la nueva guerra en el Cáucaso.
«Tenemos una cantidad de problemas todavía y tendremos que hacer enormes esfuerzos para restablecer la normalidad en Chechenia», admitió Putin ante las cámaras de la televisión NTV.
Putin lanzó después un claro mensaje al puñado de rebeldes que aún combaten en las montañas del sur, invitándolos a deponer las armas y a colaborar en las negociaciones sobre el futuro de la república rebelde.
En caso contrario, dijo Putin, serán perseguidos hasta ser completamente aniquilados y colgados en la plaza pública.
Efectivamente, la popularidad de Putin y su casi cierto ingreso al Kremlin están estrechamente vinculados al éxito de su campaña en Chechenia, una herida abierta para los rusos.
Durante el gobierno de Boris Yeltsin se libró la primera guerra en el Cáucaso (1994-1996), con un costo altísimo de pérdidas entre los soldados rusos y que concluyó con una humillante derrota del ejército de Moscú.
Las encuestas atribuyen a Putin el 50 por ciento de las preferencias, lo cual le adjudicarían una victoria electoral en el primer turno de las elecciones, mientras que el comunista Zhuganov reúne sólo el veinte por ciento de las preferencias.
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