Elecciones en entredicho
Observadores como Luis Nunez del Centro Carter y del Instituto Nacional Demócrata (IND), advirtieron que el proceso se parece a un «funeral electoral», en clara alusión a las repetidas denuncias de un fraude en marcha que terminaría, según se afirma, por favorecer a Fujimori y su cuestionada alianza Perú 2000.
El jefe de la misión de observadores de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Eduardo Stein, tampoco oculta su preocupación al señalar que varios hechos denunciados colocan el proceso electoral peruano en una grave y delicada situación. Los principales candidatos de oposición han enfilado sus baterías contra el gobierno y exigen que Fujimori se retire a tiempo de la contienda electoral como una garantía de que el proceso será limpio y transparente.
Las elecciones se realizarán el domingo 9 de abril, están convocados 14 millones de electores y habrá nueve planchas presidenciales con cerca de 1.200 candidatos para ocupar 120 escaños del Congreso Nacional.
Varios candidatos al Congreso fueron impugnados y otros dos renunciaron.
Fujimori es el candidato oficialista a una tercera elección a pesar de que la Constitución del Estado establece que un presidente sólo puede ser reelegido por una sola vez para un período de cinco años.
Fujimori llegó al poder en «olor de multitudes» en julio de 1990.
De los nueve candidatos presidenciales, siete se consideran de oposición o relativa oposición, mientras Ezequiel Ataucusi, que se auto proclama un predestinado divino, apuesta a llegar al poder con el denominado Frepap.
En el oficialismo la situación se ha tornado confusa desde que el Jurado Nacional de Elecciones decidiera cancelar la inscripción de uno de los cuatro grupos de la alianza Perú 2000, decisión tomada a raíz de la denuncia de firmas falsificadas.
Las denuncias de una masiva falsificación de firmas para inscribir al Frente Independiente Perú 2000, cuya legitimidad fue cancelada por el Jurado Nacional de Elecciones tras conocerse el escándalo, podrían abrir más luces de un proceso que los analistas consideran turbio y enrarecido por un supuesto fraude en marcha.
El clima electoral se ha tornado aún más difícil y en medio de la tempestad de recriminaciones y denuncias, obispos de la Iglesia Católica han tomado partido por uno y otro lado.
El arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, amigo personal de Fujimori, criticó con dureza a los observadores y denunció que se está creando un «carnaval», pero el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, monseñor Luis Bambarén, dijo que la opinión de Cipriani es a título personal.
Los candidatos por su parte se quejan de que no tienen ninguna posibilidad de utilizar los canales de televisión de señal abierta para hacer campaña proselitista, lo que conspira con una campaña electoral total lúcida, indicaron.
El gobierno de Fujimori ha reiterado que se están cumpliendo con todas las recomendaciones exigidas por las misiones de observadores, pero la oposición denunció que el régimen sigue mintiendo para perpetuarse en el poder con una tercera elección consecutiva del mandatario.
Por lo pronto el índice de aprobación electoral de Fujimori, primero en las encuestas, empezó a tener un declive hasta alcanzar un 30 por ciento en promedio, según evaluaciones preliminares de encuestadoras que publicarán los resultados finales antes del 25 de marzo.
Para Fujimori el proceso electoral es normal, pero la oposición insiste en denunciar el fraude y señalar que hasta funcionarios del sistema electoral y magistrados encargados de dar fe en las distintas sedes electorales están coludidos con el régimen para favorecerlo.
Luis Castañeda Lossio, candidato presidencial que comparte un tercer lugar de las opciones con Alberto Andrade de Somos Perú, demandó a las autoridades que hagan una «limpieza» de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
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