Estrangulados y envenenados
La conjetura surgió a raíz del hallazgo de algunos cadáveres fuera de la iglesia donde se consumó la tragedia. La policía descubrió que las puertas y ventanas de ese templo habían sido tapiadas con clavos para impedir eventuales fugas, antes del suicidio colectivo del viernes. En su macabro recuento, la policía registró hasta ahora 330 cadáveres, 78 de los cuales son niños, pero resulta imposible identificar a otras decenas de cuerpos entre los restos hallados en la iglesia devorada por las llamas y que, según los líderes de la secta, era «la nueva arca de Noé».
En tanto, grupos de detenidos descalzos fueron enviados a la aldea de Kanungu, a unos 320 kilómetros al suroeste de la capital ugandesa, Kampala, para dar sepultura a los cadáveres carbonizados en una gran fosa común al lado de la iglesia. Las versiones sobre el paradero del líder, el «obispo» Joseph Kibwetere, resultan contradictorias. Según su hijo Maurice en declaraciones al diario gubernamental New Vision, Kibwetere, de 68 años, murió también en el incendio, tras haber preanunciado en la víspera su final en una carta enviada a la esposa Theresa. Pero la policía recibió con escepticismo esa información y sospecha que Kibwetere y los dos «teólogos» de la secta, los sacerdotes dominicos excomulgados Dominic Kataribabo y John Kamaraga, pueden estar aún vivos. Kibwetere fundó la secta en 1987, luego de que sus ambiciones políticas como candidato del Partido Democrático, vinculado a la Iglesia Católica, se vieron truncadas por la victoria del Congreso Popular Ugandés (UPC).
Expulsado de su pueblo, Ntungamo, Kibwetere encontró refugio en la vecina Kabale, en épocas de numerosas «revelaciones místicas». Después de una de ellas, Kibwetere anunció haber oído una conversación entre Jesús y la Virgen, en la que se exhortaba a los creyentes a «restaurar» los Diez Mandamientos, «distorsionados» por la Iglesia Católica.
Por otra parte, el Consejo Cristiano Conjunto Ugandés (UJCC), que reúne a la Iglesia Católica y las protestantes, invitó hoy al gobierno de Kampala a adoptar controles más severos sobre la actividad de las sectas milenaristas.
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