Khalilzad tenía opiniones pro palestinas, revelan sus amigos de la Universidad

"Zal", el "halcón" afgano de Bush

Encargado actualmente del Golfo y de Asia central en el Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, Khalilzad conoce bien Afganistán, su país natal, y habla corrientemente el dari, uno de los dos idiomas oficiales.

«Zal», como lo apodan los amigos, no es neófito en la política: entre 1984 y 1992 fue funcionario de otras dos administraciones republicanas en el Departamento de Estado de Ronald Reagan y en el de Defensa de George Bush padre.

Nacido en Kabul en 1951, Khalilzad estudió en los años 70 en la Universidad estadounidense de Beirut (Líbano) y luego hizo un doctorado en ciencias políticas en la Universidad de Chicago en 1979.

«Según sus colegas de la universidad, el estudiante Khalilzad tenía opiniones pro-palestinas. A fines de los años 70, sin embargo, su visión en política exterior se volvió netamente más ‘halcón’, lo que lo convirtió en –quizás– el primer y único afgano-estadounidense neoconservador», apuntó el periodista Jacob Weisberg de Slate.com, investigador de este hombre que actúa tras bambalinas.

A principios de los años 80, «Zal» enseñó en la Universidad de Columbia, en Nueva York, al lado de Zbigniew Brzezinski, futuro consejero para la Seguridad Nacional de la administración Reagan.

En 1984, naturalizado ciudadano estadounidense, entra al Departamento de Estado y se encuentra con el actual número dos del Pentágono, Paul Wolfowitz, director en aquella época de planificación política. En plena invasión soviética de Afganistán, su conocimiento de la región y sus competencias lingüísticas fueron apreciadas.

Khalilzad aprobó la política de Reagan de ayuda a los mujaidín en los años 80 pero advirtió desde el retiro de las tropas soviéticas en 1989 que la amenaza de una guerra civil podría volver amarga la victoria de Estados Unidos.

La administración demócrata de Bill Clinton comete el error, según él, de favorecer el ascenso de los talibán, de subestimar la amenaza presentada por ese régimen y de dejar a quien él llama «el maestro terrorista Osama bin Laden» refugiarse en Afganistán y utilizar al país como base de operaciones.

En 1998, tras los bombardeos de los campos de Bin Laden en respuesta a los atentados contra las embajadas estadounidenses de Kenia y Tanzania, Khalilzad señala que Estados Unidos debe apuntar a la «raíz del problema», es decir, a «la anarquía que, desde la partida de los soviéticos, creó un entorno propicio a la utilización del país por grupos terroristas como base de entrenamiento».

Actualmente Khalilzad rehúsa cualquier contacto con la prensa y sólo a través de sus recientes publicaciones se pueden descubrir sus puntos de vista.

El año pasado, en la revista Washington Quarterly, subrayó la alarmante inacción de la administración Clinton y denunció el «peligro creciente del talibán».

«Esta versión radical, represiva y retrógada del Islam, similar al credo whahabita (saudí) pero rechazada por la gran mayoría de los musulmanes en el mundo, está ganando adeptos fuera de Afganistán y expandiéndose a otros países de la región», escribió.

Propuso entonces una estrategia política de seis puntos para derrocar a los talibán: torcerx la correlación de fuerzas a favor de la opositora Alianza del Norte y ciertos miembros de la etnia pushtu aliada a los talibán, oponerse a la ideología talibán por la propaganda radial, presionar a Pakistán para que suspenda su apoyo a Kabul, enviar a las víctimas de los talibán ayuda humanitaria, apoyar a los afganos moderados cercanos al ex rey –exiliado en Roma– Zaher Shah y, finalmente, realzar la importancia geoestratégica de Afganistán a los ojos de la administración.*

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