Con las "botas en el terreno"
El vicepresidente, Dick Cheney, mencionó por primera vez el viernes la posibilidad de que entren en acción las fuerzas especiales terrestres en el marco de la operación militar contra Afganistán.
«Una partida militar probablemente incluirá misiones aéreas, tal vez operaciones especiales terrestres», dijo Cheney.
«Quiero decir, se sabe que vamos a tener una parte de Inteligencia, que vamos a tener una parte militar que probablemente involucra la fuerza aérea, y tal vez algunas operaciones especiales con botas en el terreno», indicó.
El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, dijo que consideraba apropiado que tropas terrestres se movilizaran en las zonas en que los bombadeos aéreos habían destruido objetivos militares talibán y de Al Qaeda, la red dirigida por Bin Laden.
No obstante, Rumsfeld dejó en claro que se refería a efectivos de la oposición armada afgana que deberían movilizarse contra los talibán, que protegen a Bin Laden. Pero el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Richard Myers, también dio a entender que la guerra iba a ingresar en una nueva etapa que podría incluir el recurso de fuerzas especiales terrestres.
«Como ya dijimos, este va a ser un esfuerzo sostenido. Y muchos de los esfuerzos convencionales que vemos hoy son una plataforma para la continuación de las operaciones», dijo.
«Algunos de esos esfuerzos son visibles, pero mucho no lo serán», añadió.
Funcionarios estadounidenses se negaron a confirmar informes acerca de que las tropas especiales ya se encuentran en el terreno en el país, pero varios funcionarios han dicho que han estado entrando y saliendo en busca de información de Inteligencia. Pero con el régimen talibán bajo intensos ataques y con altos oficiales militares estadounidenses que alegan que se les acaban los buenos objetivos de ataque a los aviones y misiles, la escena parece lista para operaciones comando. Pakistán puso esta semana dos aeropuertos a disposición de las fuerzas estadounidenses para que puedan montar operaciones rápidas de búsqueda y rescate de tropas o pilotos estadounidenses en Afganistán. Uzbekistán dio la semana pasada a Estados Unidos un aeródromo para helicópteros y aviones para misiones de búsqueda y rescate, y 1.000 efectivos fueron enviados a ese país limítrofe con Afganistán.
Funcionarios de gobierno y militares británicos alimentaron las especulaciones el viernes sobre que las tropas terrestres podrían ser enviadas a Afganistán antes del invierno boreal, que comienza en pocas semanas.
La cercanía de las primeras nevadas causan dolores de cabeza a los estrategas militares y a los trabajadores humanitarios.
El ministro de Defensa británico, Geoff Hoon, dijo que las condiciones climáticas serían «particularmente difíciles» en unas semanas y que «obviamente ese es un factor que cualquier estratega militar debe tomar en cuenta», dijo.
Dos grupos comando de montaña y entrenados en conflictos de invierno británicos ya están en la región, realizando ejercicios en Omán.
No obstante, la ministra británica de Desarrollo Internacional, Clare Short, dijo en Londres este viernes que una «invasión terrestre masiva» no estaba prevista en Afganistán, aunque afirmó que «habrá algunas operaciones puntuales».
«No creo que la idea de un Afganistán repleto de tropas sea apropiada a la realidad. Eso no sucederá, esta guerra simplemente no es una guerra clásica», agregó.
El presidente estadounidense, George W. Bush, prometió al pueblo norteamericano que «Kabul no será un nuevo Vietnam».
«Aprendimos la lección: no se puede combatir a una guerra de guerrillas con fuerzas convencionales. Esta es una guerra distinta, que requiere métodos y mentalidad diferentes».
Estados Unidos y sus aliados no conseguirá someter ni doblegar a los talibán y a Bin Laden, estimó el general Van Tien Dung, de 84 años, principal estratega de la victoria de Vietnam del Norte sobre Saigón y Estados Unidos. «Estoy seguro de que fracasarán», indicó el ex ministro de Defensa y ex comandante de la campaña Ho Chi Minh de 1975, en una entrevista al diario vietnamita Thanh Nien.
Los encargados de capturar al terrorista Osama bin Laden «vivo o muerto», tal como pidió el presidente Bush, podrán ser entonces los miembros de algunos de estos apenas 29.000 soldados entre los 1,4 millones de efectivos regulares con los que cuentan las fuerzas armadas norteamericanas. El gobierno de Washington invierte cada año unos 4.000 millones de dólares para entrenar a sus fuerzas especiales y equiparlas con las armas más sofisticadas.
Los únicos que vencieron
Han pasado 2.300 años desde que Alejandro Magno logró atravesar los desiertos y montañas de Afganistán, derrochando maña, diplomacia y temerario valor para imponerse a las tribus hostiles en su camino hacia la India.
Algo que no pudieron lograr los británicos y los soviéticos.
El fue uno de los primeros talentos militares de la Historia que midió sus fuerzas en Afganistán, considerado clave para el control de Eurasia. El líder mongol Genghis Khan, el general tártaro Tamerlane y Babur el Mogul también lograron victorias clave posteriormente en ese hostil territorio. En contraste con la resistencia estadounidense a emplear sus tropas en una larga campaña terrestre, Alejandro Magno no tuvo escrúpulos en exponer sus fuerzas a grandes peligros cuando invadió Afganistán en el 330 AC.
Con 26 años, dirigió a 32.000 hombres dentro de Afganistán, que no era entonces sino una provincia dentro del tambaleante Imperio Persa. Tres años más tarde había logrado construir una serie de ciudades en el país, se internó en Asia Central y tuvo el valor de aventurarse en lo que es ahora Pakistán e India. «Alejandro se enfrentó a los mismos problemas que todos los invasores de Afganistán: el clima extremo, la geografía y los habitantes dispuestos a pelear», dijo el historiador militar Raymond Callahan.
Los historiadores dicen que el genio militar de Alejandro y su fuerte carácter hicieron avanzar a sus tropas, mayoritariamente griegas, superando esas penurias.
«Era un estratega muy sagaz, que usaba una mezcla de agresión y tácticas no ortodoxas para dejar a sus enemigos fuera de combate», dijo otro experto.
Una de las más duras pruebas que tuvo que superar Alejandro en su campaña afgana fue atravesar al inicio de la primavera el paso Khaiwak, a 3.600 metros de altura, en las montañas Kindu Kush.
El general macedonio estaba persiguiendo a su enemigo persa Bessu, que había acampado plácidamente al otro lado de las montañas, convencido de que Alejandro nunca lograría atravesarlas con su infantería y caballería. El paso era duro. «Los rezagados se perdieron en la luz tenue y fueron abandonados a una muerte segura por congelación», escribió el historiador Robert Lane Fox en su biografía «Alejandro Magno».
Una lección que Washington parece estar tomando de la campaña alejandrina es la utilidad de las alianzas con los líderes de las tribus locales, aunque el estilo diplomático macedonio puede que no funcione en el siglo XXI.
El más útil aliado de Alejandro Magno en Afganistán fue Oxyartes, un antiguo enemigo que luego convenció a los líderes tribales de que no atacaran al general macedonio. La amistad entre los dos hombres fue sellada con la boda de Alejandro y la hija de Oxyartes.
«Una de las estrategias más exitosas de Alejandro fue casarse con la hija de un líder tribal», una opción que está fuera del alcance del presidente norteamericano George W. Bush, dicen los expertos. *
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