La Alianza ante veredicto electoral a casi dos años de gestión y tres de recesión
Una debilitada Alianza de gobierno en Argentina recibirá un veredicto negativo el próximo domingo 14 en las legislativas, su primer examen político nacional tras casi dos años de gestión y más de tres de recesión, según coincidían encuestadores y analistas locales.
Esa coalición es integrada por la mayoritaria y centenaria Unión Cívica Radical (UCR, socialdemócrata) y el socio minoritario Frente País Solidario (Frepaso, socialistas y disidentes peronistas).
Asumió el 10 de diciembre de 1999 bajo la presidencia de Fernando de la Rúa (UCR), con un rotundo 48% de los sufragios contra el 38% del entonces gobierno del Partido Justicialista (PJ, peronismo) y el 10% de Acción por la República (partido del ministro de Economía, Domingo Cavallo).
El electorado se volcó entonces en favor de los nuevos aires que prometía la Alianza, frente al desencanto de 10 años de gestión del peronista Carlos Menem, plagados de denuncias de corrupción, desempleo galopante y descontento social creciente.
Sin embargo, esa coalición casi de ocasión –fue formada pocos meses antes para impedir un nuevo triunfo del peronismo–, empezó a provocar desencuentros con sus seguidores apenas un mes después de estar en la administración.
Su debut legislativo fue un paquete impositivo que afectó a la mayoría de la exigua clase media, fuente de sus votos, y luego promulgó una ley laboral con escándalo de denuncias de sobornos en el Senado. Además, rebajó los sueldos de los funcionarios públicos. Los trabajadores y los sindicatos pasaron a convertirse así en otros «desamparados».
Como consecuencia, empezaron a sumarse las discrepancias entre los socios y la gobernabilidad a tambalear. Las críticas se acumularon entre los propios integrantes de la UCR, como las del titular del partido, el ex presidente Raúl Alfonsín (1983/1989); del jefe de Gabinete, Rodolfo Terragno, o las del ministro del Interior, Federico Storani.
Alfonsín y Terragno lideran ahora las listas del radicalismo en la provincia de Buenos Aires y en la capital argentina, los dos mayores distritos electorales, pero con discursos fuertemente críticos a la gestión económica del ministro Domingo Cavallo.
En octubre de 2000 los problemas internos llegaron a un punto sin retorno con la renuncia del vicepresidente de la Nación Carlos «Chacho» Alvarez, que generó una crisis institucional de la que aún no se pudo recuperar el gobierno y dejó maltrecha a la Alianza.
La salida de Alvarez arrastró al ministro de Trabajo, Alberto Flamarique (de la misma fuerza), a quien el ex vicepresidente criticó con severidad por considerarlo uno de los responsables de los presuntos sobornos en el Senado para votar la ley de reforma laboral.
Sólo quedó del Frepaso en el Gobierno la ministra de Desarrollo Social, Graciela Fernández Meijide, la que luego fue reemplazada hasta hoy por su colega de filas Juan Pablo Cafiero, mientras del radicalismo se fueron Terragno y Storani.
La crisis política se fagocitó asimismo, ya para marzo de 2001, a los ministros de Economía, José Luis Machinea y Ricardo López Murphy, llegando como «mago salvador», pero sin éxito, Domingo Cavallo, padre de la Convertibilidad en 1991 (paridad con el dólar) bajo la gestión de Menem.
En el medio, por lo menos seis huelgas generales contra el modelo económico, cortes de rutas por desempleados, ollas populares, paros repetidos en la educación y una tasa oficial de desocupación (16,4%) y subempleo –medidos a mayo– que afecta a 4,5 millones de personas (la tercera parte de la población económicamente activa).
Datos privados aseguran que el desempleo ronda hoy el 20%.
Ante tal desmadre, y al borde de la cesación de pagos (Argentina está en segundo lugar de riesgo país, detrás de Nigeria), Cavallo ideó el Déficit Fiscal Cero (pagar sólo con lo que se recauda), que podó drásticamente el gasto público con nuevas quitas salariales de 13% a empleados públicos y jubilados.
Rodolfo Terragno, ahora aspirante a senador nacional por la Alianza, afirmó este jueves públicamente que De la Rúa tendría que ser suicida» para continuar el modelo económico después de los comicios del domingo, ya que «esta política está fracasada y debe ser sustituida urgentemente».
Advirtió también que «hay una gran decepción en la gente, que siente que ésta es la décima vez que va a votar desde que volvió la democracia (en 1983); hubo un gobierno radical, uno peronista, uno de la Alianza, y bueno, 16 de cada 100 ciudadanos que tienen que votar, no tienen empleo».*
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