"No miren el terrorismo allá, miren mejor el heroísmo aquí"

Recogimiento en la "zona cero" de Nueva York

En una plataforma de madera instalada en el epicentro del drama, bautizado «Ground Zero», un sacerdote y un rabino del cuerpo de bomberos de Nueva York oraron, antes de pasar la palabra al alcalde de la ciudad Rudolph Giuliani.

Exactamente a las 08H45, hora a la que el primer Boeing secuestrado se estrelló contra una de las Torres Gemelas que dominaban la isla de Manhattan, el rabino Joseph Potasnik solicitó a los hombres que persisten noche y día desde el 11 de setiembre a buscar imposibles sobrevivientes, a observar unos instantes de silencio.

Lentamente se sacaron los cascos, se tomaron de la mano y cerraron o bajaron los ojos, entonando «Dios es mi pastor». Luego los músicos del NY Fire Department tocaron «Amazing Grace».

«Si se quiere comprender la grandeza de esta ciudad, no se debe mirar la destrucción allá, sino la dedicación aquí», dijo el rabino, en uniforme del Fire Department. «No miren el terrorismo allá, miren mejor el heroísmo aquí».

Aunque las últimas esperanzas de encontrar sobrevivientes se desvanecieron hace tiempo, centenares de socorristas se empeñan todavía escarbando entre los escombros para extraer más cuerpos o restos humanos.

Unas 5.000 personas continúan desaparecidas, solamente fueron recuperados 417 cadáveres e identificados 366.

«Gracias por el ejemplo que dan al resto del país y al mundo. Ustedes nos dan la fuerza para salir de esta tragedia más fuertes y más unidos», afirmó Giuliani.

El alcalde rindió homenaje a los bomberos, policías y socorristas que quedaron sepultados luego de haberse precipitado en los edificios antes de que se derrumbaran, así como a los miles de empleados de las oficinas, cuyos cuerpos en su mayoría jamás serán recuperados.

«Dedicaremos a ellos la reconstrucción de Nueva York y les aseguraremos que los terroristas no podrán jamás quebrar nuestro espíritu», agregó. «Trataron de hacerlo pero no han hecho más que fortalecerlo».

Minutos más tarde las palas mecánicas y grúas reanudaban su trabajo junto a las montañas de escombros. Columnas de humo blanco y gris se elevan en algunos lugares, delatando focos de incendio en el subsuelo, que nada logra apagar.

Por respeto a las familias y los cuerpos de las víctimas, se trata todavía oficialmente de operaciones de «rescate» pero los obreros de la construcción, metalúrgicos especializados en cortar acero y los operadores de máquinas son ahora mucho más numerosos que los bomberos.

El descubrimiento de un cuerpo suscita un ritual: las tareas se interrumpen, la camilla es recubierta con la bandera estadounidense si se trata de un bombero o policía, se forma una guardia de honor y todos se quitan el casco durante la evacuación. En los alrededores la vida recobra poco a poco su normalidad en el sur de Manhattan. Las restricciones al tráfico fueron prácticamente eliminadas el jueves en la zona periférica, la limpieza de las calles concluyó y el de apartamentos y oficinas está en curso.

En la mañana del jueves abrieron los recintos de votación en la ciudad, para la segunda vuelta de las primarias de las que debería surgir el candidato demócrata al puesto de alcalde, para las elecciones del 6 de noviembre. *

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