Contaminación con ántrax es ahora un caso criminal
«Se trata ahora de una investigación motivada por un acto criminal», confirmó el jueves el fiscal general (ministro de Justicia) John Ashcroft interrogado en la cadena de televisión NBC.
Ayer, el fiscal del estado de Florida (sureste), Guy Lewis, declaró que «desde ahora es una investigación criminal», durante una conferencia de prensa en la que también participaron responsables del FBI, de los Centros de control y prevención de enfermedades (CDC), y del departamento de Salud.
No obstante, el agente del FBI encargado de la investigación, Héctor Pesquera, estimó en esa misma conferencia que no existe «ninguna prueba hasta el momento de que este tipo de bacteria fue producido o creado por gente relacionada con los hechos del 11 de setiembre», pero agregó que «todavía no sacamos ninguna conclusión».
El ántrax provocó la muerte el viernes pasado de Robert Stevens, de 63 años, antes de la detección de la bacteria en otro hombre de 73 años y luego en una mujer de 35 años, todos empleados en el mismo edificio de Boca Raton en Florida. El segundo paciente, Ernesto Blanco, está bien, según su familia. Ambas personas son portadoras de la bacteria pero no desarrollaron la enfermedad.
La contaminación parece localizada en este edificio de oficinas de unos 6.000 m2 que alberga la sede del grupo de prensa American Media Inc (AMI), editor de varios tabloides sensacionalistas estadounidenses.
El secretario de Salud de Florida, John Agwunobi, precisó en la noche del miércoles que los resultados preliminares de 700 tests realizados a empleados y visitantes del edificio no habían permitido por el momento detectar otros casos de contaminación. Exámenes sanguíneos están en curso.
En Florida, David Pecker, director general de AMI, que edita los tabloides The National Enquirer, The Globe, The Star y The Sun, afirmó en la noche del miércoles a cadenas de televisivas estadounidenses que tenía la «sensación de que aquí hubo un ataque bioterrorista».
Algunas características de la bacteria, analizada por expertos en bioterrorismo despachados desde el CDC de Atlanta, orientaron a los investigadores hacia un laboratorio de Iowa, situado en Ames, según fuentes del FBI citadas por la prensa estadounidense.
La cadena NBC fue incluso más lejos, al evocar un robo señalado por el FBI en ese laboratorio del departamento de Energía.
Pero la pista parece muy débil a causa de la amplia difusión dada a la «cepa Ames», según los servicios de salud de Iowa, que precisaron el miércoles que ese cultivo había sido aislado en ganado en los años 50 en la universidad de Iowa y enviado a laboratorios del mundo entero.
El Dr Scott Lillibridge, consejero del secretario de Salud Tommy Thompson para asuntos de bioterrorismo, tranquilizó el miércoles al Congreso, explicando que la bacteria detectada en Florida es sensible a la penicilina y a una serie de antibióticos. «No es la marca de fábrica de un arma biológica», dijo.
Lillibridge se refirió a ciertos trabajos de laboratorios militares, principalmente en la ex Unión Soviética, que habían logrado hacer que el ántrax fuera capaz de resistir todo tratamiento conocido.
Pero existen actualmente varios centenares de variantes de la bacteria, no modificadas genéticamente, aunque igualmente mortales si no se recibe tratamiento en las horas que siguen a la inhalación, lo que presenta dificultades a causa de la ausencia de síntomas antes de que la bacteria produzca sus toxinas patógenas, subrayan los especialistas.
El American Media Inc (AMI), en cuyo edificio de Boca Raton en Florida (EEUU, sur) ahora clausurado se hallaron rastros de la bacteria del Antrax que causó la muerte a uno de sus empleados y contaminó a otros dos, es un grupo de prensa especialista en publicaciones sensacionalistas.
El AMI tiene 1.955 empleados en todo el país y 300 en su edificio de Boca Ratón, sometidos éstos a análisis para detectar un eventual contagio. Publica varios tabloides sensacionalistas en los que priman los escándalos de famosos, el sexo, los horóscopos y las historias en las que se mezcla la ficción y la realidad.
The National Enquirer, The Sun (donde era editor-fotógrafo la víctima mortal, Robert Stevens), The Star o The Globe son algunas de esas publicaciones, generalmente vendidas en los supermercados estadounidenses.
Los tabloides se han referido a Osama bin Laden con desprecio o ironía tras los ataques del 11 de setiembre. The Globe publicó un artículo el 2 de octubre citando a un «ex agente de la CIA» que afirmaba que el odio de Bin Laden a Estados Unidos está causado por las bromas que le hizo hace varios años una mujer estadounidense sobre su «pequeño sexo».
El National Enquirer propuso recientemente una «campaña» para que se imprimiera la cara de Bin Laden en papel higiénico.
Según fuentes federales, 11 de los 19 supuestos terroristas que cometieron los atentados del 11 de setiembre estaban suscritos al tabloide The Sun para el que trabajaba Stevens en el edificio del AMI, donde se cree contrajo la enfermedad. «Todavía no sabemos lo que eso supone. Puede que no signifique nada», dijo un investigador.
David Pecker, presidente del grupo, no cree sin embargo que el AMI pueda ser objetivo de terroristas por lo que publica. «Este es un ataque contra todo el país (…), es el primer ataque bioterrorista contra Estados Unidos», declaró a la cadena CNN el miércoles por la noche.
«Yo dudo que Bin Laden esté abonado en las montañas de Afganistán a nuestros tabloides», dijo por su parte un colaborador temporal del AMI, con ironía.
El edificio clausurado del AMI en Boca Ratón alberga las «oficinas editoriales», pero los tabloides se imprimen en cinco otros lugares distantes, recalcó Pecker. Las autoridades sanitarias recordaron además que la bacteria del Antrax no puede transmitirse al manipular papel.
«No hay riesgo de exposición al tocar cualquier publicación del American Media», insistió Pecker. El grupo sigue sacando a la calle sus tabloides, pero aún se ignora el eventual impacto en las ventas.
El National Enquirer es el tabloide estadounidense de mayor difusión (2,1 millones de lectores en 1999), mientras que The Star tenía el mismo año una tirada de 1,8 millones, y The Globe algo más de 820.000, según las últimas cifras disponibles.*
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