Las batallas de la familia Bush
El actual presidente estadounidense y su padre formaron coaliciones internacionales basadas en la relación privilegiada de Washington y Londres.
Ambos países asumieron en las dos operaciones el mayor peso de la ofensiva militar.
Pero las operaciones «Tormenta del desierto» y «Libertad perdurable» tienen algunas diferencias, aunque ambos enemigos tienen algo en común: profesan el islamismo, no dudaron en declarar la madre de todas las guerras o una santa contra Estados Unidos, y llamaron a todos los musulmanes del mundo para una campaña contra los infieles occidentales.
Ambas campaña se iniciaron con ofensivas aéreas, para luego desplegar las tropas.
La operación contra Irak fue ordenada por el entonces presidente Bush, el viejo como le dicen al ex titular de la Casa Blanca, y en su diseño tuvo una participación protagónica el entonces jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el general Colin Powell.
Hoy el ex general, proveniente de una familia de emigrantes negros jamaiquinos, fue el artífice desde la secretaría de Estado –la cancillería– de organizar la coalición mundial contra el terrorismo para la administración de otro de los Bush.
Bush hijo declaró que quería a Osama bin Laden «vivo o muerto». Estimó asimismo que el principal sospechoso de los atentados del 11 de setiembre y sus socios eran «bárbaros criminales».
Su padre siempre despreció al líder iraquí Saddam Hussein, al que no llamaba más que por su nombre de pila y al que acusaba de haber «violado, saqueado y robado sistemáticamente a un pequeño país que no representaba ninguna amenaza para él», es decir a Kuwait.
En un mensaje a la nación, pronunciado desde el Salón oval, George Bush había expresado su esperanza de que la batalla emprendida para expulsar a Irak de Kuwait «no durará mucho tiempo y tendrá un mínimo de víctimas».
Su hijo se dirigió a los estadounidenses desde la Sala de los tratados de la Casa Blanca para advertirles que la batalla contra el terrorismo no tendría la misma «rápida conclusión» que la guerra contra el régimen de Bagdad.
Bush padre dijo claramente que su meta no era «la conquista de Irak», sino «la liberación de Kuwait», lo que de inmediato le costó críticas de los más conservadores estadounidenses, que le reprochaban no haber derrocado a Saddam Hussein. El actual presidente precisó, por su parte, que la respuesta contra Bin Laden no es más que el inicio de una larga campaña contra el terrorismo, no convencional y llamó a sus conciudadanos a tener «paciencia», alertando que la operación no tiene fecha de culminación.
A diferencia de su padre George W Bush no descarta derrocar al régimen talibán para que asuma una coalición opositora que no proteja a los terroristas.
Bush hijo logró mayor apoyo en el campo de la diplomacia que su progenitor, comprometiendo no sólo a sus aliados de la OTAN, sino sumando también a Rusia, a casi la totalidad de América Latina, e incluso a buena parte del mundo árabe y musulmán, aunque en forma precaria. Hasta China miró para otro lado, quizás porque también tiene en su interior a sectores musulmanes que reivindican sus derechos hasta ahora aplastados.
En su anuncio del comienzo de los bombardeos aéreos saludó el hecho de que Washington hubiera recibido el apoyo de más de 40 países en menos de un mes. «Estamos apoyados por la voluntad colectiva del mundo», afirmó.
En 1991, cuando suministró una lista de los 28 países que habían desplegado sus fuerzas en el Golfo después de cinco meses de esfuerzos por constituir la coalición, su padre declaró que Saddam Hussein «intentó crear un conflicto entre Irak y Estados Unidos. Y fracasó».
Al igual que su padre, George W. Bush trata de no hacer alusiones a Israel que sus enemigos intentan incluir en el conflicto, consciente de que la presencia de su aliado podría ser utilizada por los islamitas para unir a los países árabes.
Saddam Hussein ordenó lanzar misiles Scud sobre Israel. Y Bin Laden estimó que «la nación islámica no puede aceptar el crimen de la constitución de Israel», en un mensaje grabado aparentemente antes de los ataques contra Afganistán.
En cualquier caso, con un intervalo de diez años, los dos presidentes concluyeron sus respectivos mensajes televisados con términos similares, rogando a Dios que «continúe protegiendo» a Estados Unidos, hoy amenazada por posibles ataques suicidas o bacteriológicos de los terroristas.
Los dos Bush tuvieron el apoyo de la ciudadanía estadounidense. Ambos, al desempeñarse durante los períodos más críticos de sus respectivas presidencias, disfrutaron de un índice de popularidad extraordinariamente alto, según indican todos los sondeos de opinión.
Sin embargo, el actual inquilino de la Casa Blanca tiene un problema sin resolver que le dejó su padre. Si Estados Unidos insiste en atacar a Irak, luego de Afganistán, convencería a los árabes que los atentados del 11 de setiembre y los hechos siguientes fueron parte de una conspiración contra el mundo árabe. Y, aunque el presidente George W. Bush y sus asesores han asegurado a varias naciones árabes, entre ellas Egipto y Jordania, que la actual operación militar no abarcará a ninguna nación árabe, el gobierno de Hussein, que sobrevivió a las dos administraciones, sigue siendo un objetivo heredado en la familia Bush. *
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