La extensión del escenario bélico
La guerra está instalada, los bombardeos, la muerte de civiles, las destrucciones van a seguir por tiempo indeterminado, y se corre el riesgo cierto de la extensión del conflicto, desbordando su objetivo original. Está al orden del día el ataque a otros países, y de paso el cobro de cuentas pendientes por parte de la potencia imperial.
Amenazan intervencionistas
Ya no se trata de atrapar a Bin Laden sino de cambiar el gobierno afgano por otro a su gusto y paladar. Así lo proclaman los invasores yankis, y a su rastra Tony Blair (que opera como los colonialistas británicos que impusieron las dos guerras anglo-afganas del siglo XIX). Al igual que los nazis en Noruega invadida, andan a la pesca de un Quisling para entronizarlo en Kabul, así sea el vetusto rey o un líder de la Alianza del Norte, armada por EEUU y por los uzbekos. Al mismo tiempo la amenaza intervencionista se traslada también a otros países, vecinos o no tanto.
El primero es sin duda Irak. EEUU lo masacró en la guerra del Golfo de 1991 y desde entonces hasta hoy lo sigue bombardeando impunemente, al sur y al norte.
Pero no les alcanza. Hay quienes le reprochan a Bush padre no haber marchado sobre Bagdad para derrocar a Saddam Hussein. Ahora el hijo completaría la obra inconclusa. Y también podría colocar en la mira telescópica al libio Khadaffi, después del fracaso del intento de matarlo a cañonazos desde la VI Flota del Mediterráneo en 1986. También hay temas en litigio con Siria y con Irán (donde el supremo ayatolá rechazó los ataques a Afganistán), mientras en el mundo islámico crece la repulsa a la agresión.
El embajador yanki en la ONU, John Negroponte, declaró: «Podríamos establecer que nuestra autodefensa necesite emprender acciones respecto a otras organizaciones y países». Quien lo dice es un pájaro de cuenta. Metido hasta la manija con la «contra» nicaragüense, Bush aprovechó la presente coyuntura para forzar el voto del Senado para su designación, a pesar de fundadas resistencias.
Bombardeadores profesionales
EEUU actúa en continuidad con su política sistemática de terrorismo de Estado. He aquí una lista de los bombardeos que ha lanzado, sin declaración de guerra y a menudo acompañados de invasión, desde el fin de la II Guerra Mundial: 1) China 1945-46; 2) Corea 1950-53; 3) China 1950-53; 4) Guatemala 1954; 5) Indonesia 1958; 6) Cuba 1959-61; 7) Congo 1964; 8) Perú 1968; 9) Laos 1964-73; 10) Vietnam 1961-75; 11) Camboya 1969-70; 12) Guatemala 1967-69; 13) Granada 1983; 14) Libia 1986; 15) El Salvador 1980 y siguientes; 16) Nicaragua, ídem; 17) Panamá 1989; 18) Irak 1991 hasta hoy; 19) Sudán 1998; 20) Afganistán 1998; 21) Yugoslavia y Kosovo 1999.
Los actuales bombardeos se hicieron sin autorización de la ONU (lo mismo que los anteriores). Es preciso disipar toda confusión al respecto, porque la propaganda norteamericana pretende que ellos actúan con autorización del organismo internacional, lo que es absolutamente falso. Las dos resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad el 11 y el 28 de setiembre llaman a todos los estados a unirse en la lucha común contra el terrorismo y a tomar medidas como compartir las informaciones de inteligencia, la congelación de cuentas bancarias y bienes, y otras de ese orden. No hubo mención y menos autorización específica al uso de la fuerza, y por tanto no hay derecho a emplearla. El abogado noruego Friederik Heffermehl, del International Peace Bureau, señala que «la perspectiva de EEUU viéndose a sí mismo como poseedor de un amplio mandato para usar la fuerza, elegir los medios y disponer de tiempo ilimitado para combatir a un enemigo no especificado a través de todas las fronteras, es una receta escalofriante para la instalación de un estado policial global».
En tanto, uno de los bombardeadores declara: «Me sentí muy orgulloso, es como ser jugador de fútbol americano en un campeonato importante», en el mismo tono que el hijo de Mussolini exultaba tras atacar Abisinia: «Las bombas se abrían como rosas».
Guerra y petróleo
Medite sobre la siguiente información: «Entre Chechenia y Afganistán existe un océano subterráneo de 200 mil millones de barriles de petróleo sin los cuales no es posible imaginar el desarrollo mundial en los próximos 25 años. El margen oriental de ese océano puede llegar a los mercados con oleoductos y gasoductos que tienen como punto de partida Uzbekistán y deben atravesar Afganistán para llegar a Karachi, el mayor puerto marítimo de Pakistán. Este es el recorrido más breve entre las estepas de la ex Unión Soviética y el Océano Indico».
Piense también que el presidente Bush, el vicepresidente Cheney y la asesora de Seguridad Condoleezza Rice (y algunos otros) salen del riñón petrolero.*
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